Reto 7. Suerte de año nuevo.

   Era 31 de diciembre. Dos de la tarde. Había decidido quedarme unos días más en casa para salir con mi novia, pero tenía que ir a la ciudad de mis abuelos para la cena familiar. Llegué a la terminal de “combis” y pasó lo que temía: estaba llena a más no poder.

   Escuché a dos personas hablar cerca de mí, dijeron que la terminal de autobuses estaba aún más atareada. Y pensé: “si en ambos casos tengo que hacer fila, y siempre opto por la ley del mínimo esfuerzo, pues me resulta mejor quedarme aquí”. Compré una ficha y me senté a esperar. Tenía que hacer ahí al menos tres horas para tener oportunidad de abordar. 

   Llamé a mi madre para avisarle de la situación, y ahí se complicó todo. “Te vas a la terminal de autobuses ahora mismo”, dijo tajante. No había de otra, aún con mi ficha emprendí el camino hacia el nuevo destino. Mamá me había dado instrucciones para llegar, pero dentro de mí sabía que la tecnología siempre es más confiable, por lo que abrí Maps y logré llegar.

   Nunca había estado en esa terminal. No sabía ni dónde comprar los boletos. Le escribí a mi madre para que me oriente, me dijo que al entrar estaban las ventanillas y en frente comprara los boletos. Y como de costumbre, me lo tomé literal y dije para mí: “bueno, si es frente a la entrada de ser afuera, ¿no?”. Pero afuera habían edificios no muy confiables. Ante este dilema predominó mi instinto, así que me terminé acercando a las ventanillas y afortunadamente ahí conseguí boleto.

   Pasé a la sala de espera mientras aguardaba a que llamaran a los pasajeros del autobús que me correspondía. Me puse a curiosear mi boleto y noté que tenía número de asiento. “Me alegra mucho que ahora haya un orden para sentarse, eso mejora la logística del abordaje y hace que me haga sentir más seguro”, pensé. Por fin nos llamaron y noté que la gente se empezaba a amontonar en la puerta del camión. No pude evitar preguntarme para qué tanto alboroto, si cada quien tenía su lugar asegurado, incluso avancé tranquilamente mientras otros pasaban.

   Después de encontrar mi asiento y ocuparlo, me di cuenta que, después de todo, no había tanto orden como creí. Mucha gente viajó de pie. Al llegar a mi destino le conté la historia a mis padres. Me vieron sorprendidos mientras me informaban que el sistema no había cambiado, había que ganar lugar. Supongo que tuve algo de suerte de año nuevo.

Omar Araujo

oaeska
Author: oaeska

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Esta entrada tiene un comentario

  1. romina

    EN el vivo de hoy explicamos el sentido de la herramienta de voz interior. En el libro también tienes algunos ejemplos.

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