Reto 7 Quizás

Cuando todos se fueron y al fin quedamos solos en la casa club, nos marchamos al hotel donde se hospedaría.  No quería despedirme, pues dentro de pocas horas él volaría lejos y toda esta magia pasaría a la historia o podría dar pie a nuevas aventuras.  Evaluamos la experiencia vivida desde lo profesional, humano y Divino. Fueron jornadas maravillosas, los niños y adolescentes estaban más abiertos que los adultos a conectarse desde el lenguaje del amor, se transformaban hasta físicamente luego de recibir el mensaje de esperanza que habíamos preparado para ellos.  Ese día descubrí que me estaba moviendo en mi misión de vida y el compañero que caminaba conmigo en aquel proyecto, era el indicado para ese proyecto y muchos más, ya que verlo en acción me hizo admirarlo y amarlo más en profundidad.

Le compartí los pormenores de la osadía de tenerlo acá en Chile, trabajando juntos.  Arreglamos el mundo hablando de todo y de nada.  Tomamos café tras café y reímos de buena gana, hasta que por su naturaleza analítica y conocedor de la mente humana preguntó por la Paola mujer y el amor.  Quizás era el momento de tomar sus manos y mirándolo a los ojos gritarle que lo amaba y que lo supe desde el primer día que lo escuché hablando de sus hijos, pero me contuve para no asustarlo, ni alejarlo.  Quería besarlo y fundirme entre sus brazos, pero mi amor para el iba mucho más allá de lo físico.  Respetaba sus tiempos y su forma.  Tenía la certeza de lo mucho que me quería, sus actos así lo indicaban y tal como el bambú, nuestra relación poseía profundas raíces que nadie más que nosotros sabíamos que existían.  Le dije que iba todo bien con mi corazón, que estaba disfrutando de mi soledad, sin apuros ni presiones.  Que quería disfrutar de mis hijas y hacer las cosas bien esta vez sin buscar un compañero solo para tener a alguien con quien pasar el tiempo.  Moría de ganas por preguntar que pasaba con él, pero a su vez sabía que moriría de pena si me confesaba que había alguien y ese alguien no era yo.

Ricardo es un hombre sabio y lleno del amor de Dios.  Quizás me habría abrazado dulcemente callando mis palabras con un beso, quizás me habría apartado de golpe instalando una barrera.  Quizás se habría reído diciendo que siempre supo cuánto lo amaba o se habría sorprendido con mi confesión.  Era mi momento, pero me había costado tanto llegar hasta ahí construyendo sobre roca.  Me caracterizo por ser una mujer segura de si misma y decidida, sin embargo, frente a él soy todo lo contrario. Nunca supe que opinaba y nunca lo voy a saber tampoco, porque el momento ya pasó y por miedo a ser rechazada, lo dejé pasar.

  

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Author: plizama.coach

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