RETO 7 (Flores al Fondo del Autobús)

Ahí estaba yo con mis manos temblando y caminando por todos lados, por la banqueta y la calle. Las paredes se salvaron solo por la fuerza de gravedad que me mantenía en el piso, inquieto pues nunca había tenido que enfrentarme a esto.

Me había preparado desde temprano para un evento formal al cual debía asistir portando traje y mis elegantes zapatos. Después de medio día quedé libre y al ver un par de rosas parte de un adorno elegante, las tomé y salí embarcado hacía la aventura. En mi mente me decía que si ya estaba tan cerca de su casa entonces nada costaba tomar un autobús para llegar a mi destino.

Una vez que subí y me senté al fondo del camión, mi mente comenzó a imaginar ese cuadro, un chico de lentes vestido de traje con su maletín a un costado y rosas en la mano, vaya imagen. Estas ideas me predispusieron a creer que otros pensaban que me vería ridículo o que era una escena poco usual a esa hora del día en un lugar tan inusual como el fondo de un autobús. Sin darme cuenta, y tratando de no dar importancia a mi paranoia, llegué al final de la ruta y bajé para seguir a pie cuesta arriba por la colina que llevaba hasta el hogar de ella.

 

Repasaba mi plan una y otra vez. A mi parecer era simple e ingenioso, iba a mandarle mi ubicación para que saliera buscándome, pero en mi lugar encontraría 3 rosas en su puerta mientras yo miraba oculto a lo lejos. Seguí el plan tal cual lo planteé y esperé. Esperé. Esper. Desesperé y decidí marcarle para que saliera encontrara mi regalo.

La idea era irme una vez que ella tuviera el regalo, pero si ya había llegado hasta ahí quería ver el final de todo el acontecimiento, así que me acerqué y al hacerlo me recibió con una grata sonrisa y un cuestionamiento tremendo de mis intenciones. Al principio intente escudarme diciendo que era un simple detalle, pero ella insistió en el tema y ahí estaba, yo con mis manos temblando y caminando por todos lados, por la banqueta y la calle. Las paredes se salvaron solo por la fuerza de gravedad que me mantenía en el piso, inquieto pues nunca había tenido que enfrentarme a confesar mis verdaderos sentimientos, mis verdaderas intenciones. Mi corazón me aturdía y mi quijada se trababa mientras mi mente aceleraba a cada segundo que pasaba. Este era el momento de la verdad, las dos palabras más difíciles de pronunciar querían salir y al mismo tiempo quería enterrarlas. Debía decidir que hacer mientras recordaba todas las veces que en repetidas ocasiones callé.

 

Me armé de valor y me forzaba por pronunciar esas dos palabras con miedo al rechazo, con miedo a no poder retirar lo que diría, con temor a sentir rechazo y distancia a partir de ese momento. Pero algo en mi decía “si ya pasaste por todo el trayecto, subiste la colina y esperaste en el fondo del autobús ¿qué te queda por perder?”. De mis labios salieron dos palabras que inmediatamente dibujaron una sonrisa en su rostro colorado. Me miraba a mi y a las rosas mientras que yo quedaba absortó por la sensación de libertad que invadía mi corazón convirtiéndolo en ligera espuma mientras esperaba escuchar una respuesta que resonará con mi confesión, y esa… Bueno, esa es otra historia.

Desde el fondo de un autobús con flores en mano, Carlos.

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carlozmoran
Author: carlozmoran

Esta entrada tiene un comentario

  1. Lewis ;
    … Me ha parecido un relato conmovedor y valiente. Me alegra que te atrevieras a pronunciar esas dos palabras, y bueno, esa otra historia qué contar también me gustaría leerla en el futuro.
    P.D. No creo que un chico de lentes, traje y con rosas en mano pueda verse ridículo :3
    Atte, Tolkien.

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