Reto #7: Exposición

Una de las actividades que nunca me han gustado es exponer en público, es curioso, pues irónicamente estudio una carrera que demanda tener dominio de las habilidades blandas y no es mi caso, pero bueno es algo que he afrontado durante mi etapa académica.

Recuerdo un curso que llevé en mi primer año universitario sobre comunicación oral que me hizo sufrir bastante, desde el momento en que decidí matricularlo supe que iba a ser un suplicio, pues no me sentía en condiciones para asistir a las clases, pero consideraba una obligación moral hacerlo para no atrasarme con mi plan de estudios.  

El primer día de clases entré al salón con el estómago hecho un nudo y con la boca seca, sentía mi corazón palpitar a un ritmo descontrolado y todo a mi alrededor daba vueltas, la profesora inició la clase con una breve descripción suya y de los contenidos de la materia. Casi no podía prestar atención por lo nervioso que estaba y bueno, lo que más temía llegó, presentarse ante los demás.

En el momento que empezaron las presentaciones comencé a sentir como todos los síntomas se agudizaron, cada más se me hacía más difícil permanecer en ese estado y tenía que decidir si me quedaba o huía, fue un momento de lucha y resistencia mental. En mi cabeza me decía que me iba a equivocar, que se burlarían de mí por mi comportamiento y otro tipo de pensamientos negativos que me surgían, le pedía a Dios que me concediera alivio porque creía que no iba a poder manejar la situación.

Entre tanto recoveco mental los minutos se hicieron horas hasta que llegó el turno de presentarme, sabía que ya no podía escapar de esa situación y había decidido permanecer poniendo sello a mi “desgracia”. Me dispuse a hablar rápido y sin pausas; siempre me costó expresarme frente a otros, me era muy difícil hacerlo sin pensar en que me equivocaría con rapidez, lo cual no era igual con la escritura, ahí siempre me había sido muy sencillo plasmar mis emociones y acomodarlas a mi antojo. Pero no era mi escenario, terminé mi presentación sin dar chance si quiera a represalias y bajé la cabeza en ademán de dar por concluida mi participación.

Cuando mi compañero de al lado comenzó a hablar, empecé a retomar el aliento, esto mientras pensaba en lo absurdo que era sufrir tanto por una situación tan “inofensiva”, aunque mi mente era un extintor en ese momento. No había duda que mi autoconcepto estaba mal y debía hacer algo para repararlo.

Para las siguientes clases me dispuse a concentrarme más en la profesora y menos en mis emociones internas, cosa que me era extremadamente difícil, pues siempre me distraía con facilidad, pero que pude poco a poco ir logrando. A pesar de mis serias dificultades para socializar y mis obsesiones decidí terminar el curso con valentía, había aprovechado un don propio, la perseverancia.

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Author: fabmana

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