RETO 7. BAILAREMOS

La fiesta estaba en su punto cumbre, los invitados que no tenían buena actitud se habían marchado, sólo quedábamos unos veinte, pero era un hecho que éramos los que más estábamos divirtiéndonos, no era por el alcohol en nuestra sangre que reíamos tanto, tampoco era la música, aunque el repertorio era bastante bueno para bailar, el juego de cartas estaba muy entretenido, pero lo que propicio un ambiente tan agradable, era por fin poder descansar de las formalidades diarias en la oficina. Muchos dejamos salir el estrés de los días previos y nos dejamos llevar por la energía liberadora que se respiraba.

 

Mi novio no había podido asistir, por lo que estaba con mis amigas jugando una partida de poker cuando se acercó Alberto, el chico con el que había charlado unas cuantas veces pero del cual procuraba alejarme; y es que no me caía mal, por el contrario, me agradaba en demasía, sus opiniones, su forma de ver el mundo, su manera de hablar, sus actitudes con las demás personas, tan caballeroso y responsable, todo encajaba casi perfectamente conmigo, es por eso que había decidido mantener mi distancia, yo no quería conocerlo más, por que temía que me terminara agradando cada vez más. Y eso no podía ser, siempre he sido recta, fiel, una conducta intachable, no podía caer en tentaciones.

 

La tentación se sentó a mi lado, preguntó si a mi novio no le molestaba que bailáramos, le respondí que a él no le gustaba bailar, y encogiéndome de hombros le di a entender que no tendría porque molestarse. Mentí. Sabía que de enterarse estaría muy molesto, pero las ganas de bailar con Alberto eran demasiadas, además el jamás se había atrevido a acercarse a mi de esa manera, estoy convencida que las copas y el hecho de verme al fin sola, le dieron el valor que necesitaba para acercarse, ambos sentíamos cierta tensión cuando nos encontrábamos en la oficina, pero ninguno se atrevía a dar un paso adelante, nuestros valores nos lo impedían, pero esa noche, esa música nos otorgó unas horas mágicas, donde nos dejamos llevar por el ritmo, el tiempo dejó de existir, la pista de baile era nuestra.

 

Después de varias vueltas, mi peinado en el que me había esforzado tanto estaba hecho un desastre, así que opté por recoger mi cabello en una cola de caballo, mi vestido morado con lentejuelas había sido una buena elección pues las luces se reflejaban en las cuentas del vestido, literalmente estaba brillando, mi felicidad era evidente. Pero como todo, había llegado el final de la fiesta, y el momento de tomar una decisión, Alberto propuso que siguiéramos bailando en un antro, mi amiga que sabía que algo pasaba entre ambos y que jamás tomo decisiones temerarias por lo que me animó a ir. Y es que sólo de verlo sonreír tan coquetamente e insistir en que fuéramos con su voz aterciopelada, la adolescente que vive en mi gritaba: ¡Vé! ¡Hazlo!, solo se vive una vez. Tomé su mano para bailar una última canción antes de que cortaran la música, fue uno de los mejores momentos de mi vida, la manera en que nos entendimos en esa pista fue mágica. Y estaba a punto de decirle que sí, que continuáramos prolongando este momento hasta el amanecer, pero la joven adulta que vive en mí, que mide las consecuencias de sus actos me lo impidió. Al terminar la canción, terminó el hechizo en el que nos habíamos visto envueltos, me despedí con un beso en la mejilla, vi la decepción en sus ojos, el también quería continuar, pero en el fondo sabía que esa era la decisión correcta, no era el momento adecuado. Ambos teníamos asuntos que arreglar, pero quien sabe, tal vez algún día… podamos volver a bailar.

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Esta entrada tiene un comentario

  1. romina

    Revisa el vivo donde desarrollamos el tema de VOZ INTERNA

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