Reto 7

Me preguntaron por enésima vez qué carrera quería estudiar.

La respuesta nunca cambiaba: ingeniería, como mi tía, como mi primo. Y mecatrónica, porque soñaba con hacer máquinas para ayudar a la gente.

Pero estos últimos días esa respuesta tan simple se había mudado de la punta de mi lengua hasta lo oscuro de mi corazón, donde volaba sin trayectoria definida entre la disputa de los argumentos y contraargumentos que resonaban en mi interior.

Debía ser ingeniera, o al menos eso era lo que sonaba razonable dentro de mi cabeza. En mi mente adiestrada bajo el camino recto de la lógica, esta era la única manera de cumplir aquello que yo llamaba mi propósito en la vida: ayudar a los demás de forma significativa. Y eso, me repetía, era lo que me haría feliz.

Pero, ¿era de verdad el camino de la felicidad? Quería crear y programar máquinas, resolver algoritmos, armar circuitos, pero también existía en mí una parte que clamaba a gritos ser libre.

Me quedé en silencio, las personas a mi alrededor voltearon hacia mí, esperando una respuesta.

Vinieron a mi mente todos los bocetos con los que había plagado mis cuadernos, los escritos almacenados en mi computadora, todas esas ideas e historias apiladas en el caos de una imaginación incansable.

Sí, eso me hacía feliz, no tenía duda. Pero, ¿en qué me ayudaría a cumplir mi propósito? ¿cómo esperaba cambiar al mundo para bien con un montón de dibujitos y letras?

Me sentí egoísta por pensarlo, yo quería pasar los días y las noches creando, y no creando en un esquema estricto y sistemático, quería que mi imaginación fluyera e inundara todo. Pero el propósito, mi propósito, ¿una historia puede ayudar directamente a alguien?

Espera… sí, sí puede. Creo que ahora lo veo, no puedo esperar que una historia, un dibujo, automaticen una producción o resuelva una función matemática, y no tendría por qué. El arte no ayuda a un nivel físico, sino a nivel espiritual.

No estaba dispuesta a someterme al camino recto de la lógica. Yo necesitaba dibujar, pintar, escribir, dar vida, dar luz, luz para guiar a quienes se sientan en la oscuridad, luz para hacer un mundo más brillante.

Respondí entonces con la respuesta que clamaba mi alma a gritos, que acallaba las sentencias de mi razón: Artes, quiero ser artista.

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Author: foreverwriter15

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