Reto 7

Fue ya hace más de un mes cuando comencé una experiencia completamente nueva.
Un martes a la última hora, ya sobre las de la tarde, entro la profesora de ética al salón. Como es de costumbre ninguno estaba en su puesto y los cinco minutos siguientes se basaron en el trayecto de todos para llegar a sus puestos. El sol entraba por la ventana de forma fuerte. La profesora María tomo un sorbo de agua y nos observó, su mirada paso sobre mí por unos segundos más que el resto. Su voz resonó en el silencio que su mirada había generado. Su pregunta fue precisa, ¿ya tienen candidato para la personería? No era secreto para nadie que al llegar a grado once un estudiante junto con su equipo de trabajo debía asumir esta tarea representativa. Tampoco era un secreto que yo quería postularme desde que tenía uso de razón. Toda mi vida escolar en ese colegio, vi pasar a 12 personeros, aprendí de sus errores y de sus victorias. ¿Nadie? La voz de la profesora volvió a entrar en mí. Temblaban mis manos, pero con dificultad empecé a levantar mi mano derecha. ¿Y si nadie me apoya económicamente? ¿Cómo voy a controlar un grupo de trabajo? Volví mi mano sobre el pupitre. Pero quería. A pesar de todos los obstáculos sabía que no podía callar mis sueños. Doce años pensando en ese día, planeando proyectos, recorriendo el colegio buscando que le falta, representando mi curso. Casi siete años siendo representante de mis compañeros. Vi a mi alrededor. Uno… Tres… Ahora siete me miraban esperando mi respuesta. ¿me voy a arriesgar? La pregunta retumbo en mi unos segundos más. Mi mano siguió subiendo. Soy una buena líder, puedo hacer esto, no importa si no me apoyan, estoy convencida de que puedo lograrlo. Ahora algunos me miraban de forma despectiva. Mi curso atraviesa este año una fusión de un grupo que se desintegro. Ellos no me conocen. Yo sé de lo que soy capaz. Me prepare para esto. Mi mano subió por completo. Todos me miraron. La profesora me vio y los diez segundos siguientes parecieron una eternidad. No había una respuesta y el frio se apodero de mi cuerpo. Un aplauso, dijo con su voz fuerte y decidida. Todo el salón aplaudió en ese momento. Mi corazón latía de una forma que no se explicar. Empezaba a trabajar para cumplir mi sueño. Todos se acercaban a felicitarme. De verdad lo hice. El salón sufrió una pequeña algarabía, todos querían estar en mi grupo de trabajo. Me estaban apoyando de una forma que nadie había hecho. Les dije que nos reuniríamos en la tarde para aclarar todo. Volvieron a sus puestos y yo caí en el mío. Las lágrimas brotaron disimuladamente, a tal punto que nadie lo noto. Pero mi corazón, mi alma lo sabía. Lo logre. Di el primer paso.

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