Reto 7 – Una mala hija

Desde que estaba en secundaria siempre tuve muy en claro lo que quería estudiar, era de las pocas cosas que no habían cambiado con el paso del tiempo. 

Hubo momentos en que las situaciones se complicaron, el más fuerte a mi parecer ocurrió en 2016.

La universidad donde estudiaba acababa de reabrir la convocatoria de movilidad, dándonos a los estudiantes la oportunidad de ir a estudiar a otro lado, ya fuera dentro del país o en el extranjero. 

Era la oportunidad que estaba esperando, tanto para aprender, como para poder dejar el ala materna, crecer, demostrarme de qué estaba hecha y convertirme en ese ser independiente, en una versión distinta de lo que era.

Realicé los trámites sin contarle nada a nadie, no quería que me persuadieran ni que metieran las narices en cosas que realmente estaban fuera de su competencia. 

Hice entrevistas acerca de mi postula ión, manifesté mi ambición al conocimiento y esperé. Fueron meses de incertidumbre y muchos nervios, hasta que finalmente lo obtuve. 

Pasaron otros meses ya. La alegría estaba instalada en cada uno de mis poros. Muy pocas veces había sido feliz y ese instante era uno de ellos. 

De pronto, la alegría se esfumó. Mi madre enfermó de gravedad. Pasó de ser una mujer enérgica y activa, a estar postrada en una cama sin comer. Los vómitos y convulsiones llegaron después. 

Parecía una broma. ¿Cómo carajos me iría, dejando a mi madre así?

Familiares y amigos de mi madre intentaron echar abajo mis planes. De mala hija, injusta y sin sentimientos no me bajaban. “¿En qué demonios estabas pensando al aplicar a esa beca?, decían.

Noches enteras lloré al recordar sus palabras, sintiéndolas resonar en mis oídos, en mi cabeza, creyéndose amas de mi vida. “Si tu mamá se muere, va a quedar en tu conciencia, ¡mala hija!”.

No dejaba de preguntarme qué hacer. La presión era demasiada. Me sentía en verdad una mala hija, hasta que me desahogué con mi padre. Él me regaló por siquiera considerar quedarme y hacerle caso a los demás. Me dijo que contaba con su apoyo y que sabía cuánto había luchado por alcanzar ese sueño, que no se le hacía justo abandonar las cosas por las habladurías de mis tíos. “A final de cuentas, ellos no tienen que pagar nada. Esa beca la ganaste por tu constancia, tu dedicación, tus buenas calificaciones y tu perseverancia para lograr lo que te propones”.

Esas palabras que toda la vida esperé de su parte, llegaron en el momento preciso. Resonaron con potencia en todo mi ser. Quizá mi compañía le iba a hacer falta a mi madre durante seis meses, pero sí abandonaba, esa derrota me perseguiría toda la vida y no estaba dispuesta a escuchar un “hubiera” nunca jamás.

Dos semanas más tarde, tomé mis maletas, bajé las escaleras y me despedí de mi madre con un fuerte abrazo. Despacio, le dije al oído que se quedaba en buenas manos. Ella, apretándose entre los suyos, musitó en el mío que estaba orgullosa de mí y quería verme triunfar. 

Sus palabras y las de mi padre, hicieron que mi alma descansará en paz. Sabía que se sentían orgullosos de mis logros, pero lo eran aún más de tener una hija con convicciones firmes, que no se dejaba llevar por el qué dirán y actuaba siempre conforme a lo que estaba segura era lo mejor. 

andreahdz545
Author: andreahdz545

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Esta entrada tiene un comentario

  1. prisionero0101

    Me siento un poco identificado con lo que aquí se dice, puesto que he tenido que lidiar con la observación de los demás sobre lo que ellos piensan que soy, lo que soy y de lo que soy (in)capaz. Sobre todo he tenido que lidiar con la desconfianza de mi propia madre de este tipo de cuestiones y de otras más.
    Ojalá que mi fuerza y mi constancia me ayuden a demostrarle que puedo llegar a donde ella jamás abría imaginado.
    Para este relato, siento que hace falta que hables más sobre tus habilidades, tus aptitudes y, aunque no te lo parezca, de tu confianza en ti misma que te llevaron al triunfo, a obtener ese sueño. Porque, créeme, desde que hablas de la situación de tu familia, requiere de una fuerza de voluntad, de una calma y de un espítitu grande y luchador que a mi me gustaría tener.

    Siente orgullosa de ti misma y de tus logros, porque aunque parecieran pocos, algunos quisiéramos llegar a donde tú has llegado, destácate por sobre las cosas que los demás han hecho por ti, porque tu eres dueña de estas victorias.

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