Reto 7: 300 personas

Siempre me gustó cantar, desde niña agarraba un shampoo y lo imaginaba siendo un micrófono brillante y rosa. Cuando cumplí 15 años, la cualidad de “Alma extrovertida” se apoderó de mí y audicioné para formar parte de un coro en la iglesia de la parroquia donde mi críe, y como era de esperarse, me aceptaron.

Entender el poderosísimo “Arte de cantar” me ha costado, pero lo estoy perfeccionando. Algo de lo que nunca me libré es de la timidez y del miedo que me caracterizan. Un día, dos novios habían asistido a misa y me escucharon cantar un pedacito de “Alfarero- Hermana Glenda”. Les debió haber gustado que dos semanas después de haber estado allí, habían hecho cualquier cosa por contactar al grupo donde pertenezco.

Siempre lo pienso: “Cuando una persona te pide cantar no se le niega, así cantes horrible”, pues bueno, acepté y mi trabajo consistía en cantar el Salmo especial a los seres que estaban a punto de unir su vida. Por lo general las misas en mi parroquia solo constan de aproximadamente 30 personas. Así que miedo, no tenía.

Día 23 de mayo del 2018. Las campanas sonaban, el padre vestía su túnica blanca con filos dorados y una paloma con laurel en su pecho lo adornaba. Me sentía realmente segura, y bien. Pero la gente comenzó a entrar, ya no eran 30, al número se sumó un cero más.

¿Estás loca, Ariana?, ¿300 personas en una boda?, ¿Vas a cantar para 300 personas?

Por mi mente se centraron dos cosas: O cantas y hacer el ridículo haciendo un gallo o te sales antes de que los novios entren y te disculpas por tener una diarrea crónica por un chocolate caducado.

Dos grandes ideas que obviamente no iban a terminar nada bien.  

Y me paré en frente de esas 300 personas, ni cuando estaba enamorada me temblaron tanto, imagínate con 300 caras y mentes viendo por mí, tratando de saber qué es lo que pienso o qué tonterías iría a soltar mi boca.

¿Lo hago o no lo hago?, ¡Aborten misión por el amor de Dios! Veía a mis compañeros entonando la melodía que sería mi entrada: ¿Triunfal o de mi funeral? , finalmente dije: Dios, ayúdame, porque esto es para ti, solo por ti. Con las mariposas (Y no por amor), las piernas casi rotas por la tembladera y mi voz quebrada por los gallos a punto de salir, canté. Tomé la decisión de optar por el gallo pero, Ay de mi si lo hubieras escuchado, pasó lo que no quería: ¡UNO DE ESOS ESPANTOSOS AMIGOS APARECIÓ¡ y se robó el show.

Pese a mi lucha interna por mantener mi voz afinada, mi Diosito no quiso, terminé y me dirigí a donde se encontraban mis compañeros. Esa tarde me compraron helado y desde ese día me llaman “La gallito”.

 

 

 

 

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ariana.pastaz
Author: ariana.pastaz

Esta entrada tiene 3 comentarios

  1. romina

    Hablamos de lo que es una anécdota en el vivo, y sobre el uso de la voz interna.

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