Reto 7

El año pasado, una tormenta se desató en mi interior. El grado de su intensidad, crecía junto con mi incapacidad de recuperar mi norte vital. Y fue en el mes de Junio que pude contemplar cada rincón del infierno que había construido y adornado con tantos miedos y océanos de delirios. Recuerdo que un día iba caminando por el lago de la universidad para llegar a mi facultad. No podía evitar que las lágrimas cayeran bajo mis lentes. Quería llegar lo más pronto posible al baño y así ocultar los rastros de rímel que podrían delatarme. Aquel día, salir de mi cama había sido un calvario. Logré vestirme y salir, obedeciendo las reglas del mundo de los adultos, pues no puedes dejar que tu vida personal afecte tu trabajo ni estudios. Y así lo intenté. Luego de limpiar mi rostro, logré aparentar tranquilidad y hasta reírme con algunos conocidos. Subí las escaleras y entré al aula donde tendría mi clase. A mitad de la sesión, de nuevo se asomaron esas detestables gotas saladas en mis ojos. Comprendí que tenía que marcharme. Recogí mis cosas y salí. Quería ser fuerte y cumplir con mis obligaciones, pero las profundas lagunas de color negro y pensamientos desgarradores habían logrado vencerme de nuevo. No quería ver a nadie, así que busqué un lugar que me ayudara a calmar mi mente. Recorrí el sendero de árboles que guía hasta el terminal de buses de la universidad y decidí sentarme debajo de uno menudo pero de apariencia amigable. Mis aguas, volvieron a su estado de quietud y pude reflexionar sobre la situación en la que me hallaba. Durante todos esos meses me había estado exigiendo resultados, cuando era evidente que caminaba herida. Era momento de volver a aprender a usar los pies, sin sentir que debía salir corriendo cada mañana. Ese día entendí la importancia de los recesos. Necesitaba ordenar mi interior, apagar el fuego que se propagaba amenazando con quemar mi piel y volver a la realidad. Merecía escuchar mi voz y hacerle caso, sin sentirme culpable por no a avanzar al paso de los demás. 

 

 

Angie Quimis Barco

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Author: angiequimis

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