Reto #7

Estaba por la avenida lecaroz junto a mi novia, conversábamos de todo un poco; no podía faltar las nubes apartadas del sol, de pronto me abrazó y me dijo que vayamos a comer aquel    restaurante te la esquina. Ella estaba muy feliz y gustosa mientras mi frente brillaba y un que sentir de temperatura forzó a mi cuerpo sudar.

Entramos al restaurante nos sentamos cerca un ventilador el mesero pidió las órdenes y se retiró, ella me preguntó si estaba bien; rápidamente le contesté que sí que necesitaba ir a los servicios higiénicos a lavarme las manos. Arriba del lava manos se encontraba un espejo, mojé mi cara y mire mi reflejo; dije ¿ahora? ¿ Con qué dinero le voy a invitar?, no soy… No soy tan adinerado como para pagar en un restaurante como este. Sentí vergüenza.

Sali de los servicios y me dirigí a la mesa, la comida ya estaba ahí. En su rostro se la veía de que disfrutaba su aperitivo. En mí no fue lo mismo, me la pasé pensando en ¿ Que le digo ahora? No tengo dinero para invitarla, pero claro que tampoco era mi obligación pagarcela ¡Pero, era un acto de caballerosidad! ¡No podía fallar!. Llego la cuenta. Mire mi billetera mata galán, tenía allí mi tarjeta cargada. No la use. Tenía miedo que se aya fijado en mi por interés.

Ella se quedó mirando a los costados. La mano me temblaba y el ¿que hago? me atropellaba la mente; mi corazón palpitaba al 100, la boca se me reseco y el calor abrumador de pronto me consumió 

¿Pagamos cada uno? O como tú quieras… ella se puso a buscar su sencillo para pagarle su consumo y yo recién reaccionando que debía utilizar la tarjeta, tú pero fue tarde, nos levantamos; agradecimos y nos retiramos: En el camino ella seguía con la expresión de siempre. Me abrazó y me besó. Si supiera lo apenado que estoy. ¡Pero que bueno que no se lo tomó mal! O bueno eso creo . 

 

Fran Fernández 

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Esta entrada tiene un comentario

  1. romina

    faltó lectura de corrección. En el vivo de hoy hablamos de ello y del sentido de la voz interior.

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