RETO 6: Una princesa sin su papá rey

Para: Plizama

Creo que ambas entendemos lo que es ansiar la atención de cierto hombre y no obtenerla.

No sé cómo fue tu infancia, pero la mía, a pesar de no ser la más alegre, fue buena. Casi no tenía amigas, pero tenía estabilidad familiar. Yo era importante para mis padres, lo sabía perfectamente. Si me hacía daño corrían a auxiliarme; si estaba feliz, ellos eran felices conmigo. Cuando era mi cumpleaños, ambos se acercaban a mí en la mañana, ponían las manos sobre mi cabeza y daban una oración larga agradeciendo a Dios mi existencia. Eran tiempos buenos, no éramos ricos en dinero pero sí en amor.

Cuando una entra en la adolescencia sabe que se va a convertir en alguien un tanto más rebelde y peleona. Siendo niña pensé que si eso ocurría sería por mi crecimiento y que no tendría motivos suficientes para quejarme, que me volvería medio malcriada porque era parte de una etapa de la vida que iba a tener que atravesar. Pero, para mi mala suerte, sí tuve razones.

Mi papá consiguió un trabajo, mi mamá también, justo poco después de mudarnos un tanto lejos de nuestro barrio. Me cambiaron de colegio, me cambié de iglesia. Estaba un tanto triste por tantos cambios pero nunca esperé lo peor. La vida me sorprendió enseñándome que me equivocaba, que las cosas sí pueden empeorar. El trabajo se llevó a mis padres, tuve que acostumbrarme a verlos llegar tarde y muy cansados, sin ganas de hablar. Entre todo ello, mi mamá jamás se perdió, seguía siendo ella solo que más agotada. Mi papá sí cambió.

Parecía que le hubieran dado reinicio a su cerebro: sus creencias flaquearon, sus valores y modales también. De repente, tenía a alguien que venía cada vez más tarde, que estaba cada vez más ausente, que rara vez hablaba y si lo hacía era sobre el trabajo (que nada tenía que ver con nosotros). Empezó a comprarse ropa nueva aunque él no la necesitara y nosotros, sus hijos y esposa, sí. De ser un gran cocinero, se convirtió en alguien que no podía tocar la cocina. De haber sido alguien servicial se convirtió en un ser que se avergonzaba de ayudar a comprar comida al mercado…

Pero yo lo tuve peor, descubrí otros asuntos y lo delaté. Empezó a odiarme. Yo sabía que él estaba mal, pero jamás me pidió disculpas, sino que todo sentimiento de culpabilidad se transformó en furia hacia mí. Solo me golpeó una vez, pero pudo lastimarme más veces de manera verbal. Yo ya no era su niñita, era un estorbo, era la voz de la razón que él no quería oír y detestaba. Le lloré a gritos intentando que su corazón me escuchara, pero solo avivé su enojo. Permanecí tiempo en silencio orando por una salida. Quería irme lejos de él. Entonces pasó un tiempo y todo mis oraciones fueron respondidas. Le advertí pero solo se rió. Ya no había de otra, yo no había sido mala hija, él había sido un mal padre. Yo no merecía sufrir en silencio, merecía ser feliz. ¿Por qué seguir atada a la fuente de mi sufrimiento? Pensé en mí, en mi familia, en mi salud mental… Y por fin me fui.

Fue una decisión dura, estuve resentida por meses, pero pasado un tiempo me rodeé de las personas correctas y decidí avanzar. Estaba en un lugar diferente, ya no era la piedra en el zapato de nadie, ahora todo iba por mi cuenta y eso me resultó tan tranquilizador como aterrador porque ¿qué se supone que debería hacer ahora? Seguí el consejo de una persona sabia y decidí “bañarme” de todo aquello que quería ser. Me di cuenta de lo mucho que había perdido por pensar en cosas negativas, había estado enfrascada en pensar que era menos de lo que realmente era y en pensar que hacía todo mal y  que era una molestia para los demás… Me mentalicé en que era una persona agradable y no obstante, me di cuenta que también quería mejorar. Leí libros que me hicieran crecer como persona, decidí conocerme y después de tanto batallar pude alcanzar la estabilidad mental que había perdido. Después de unos meses, pude perdonar a mi papá y volver a contactarme más o menos con él. Ya no me recrimina nada, al parecer la distancia y el tiempo le ha hecho darse cuenta que no tenía a una bruja en casa, solo una adolescente hija que reclamaba ver en su padre a la persona íntegra que siempre creyó que era. En vacaciones incluso me pasé un mes entero con él. Me recomendó más libros para que leyera, me apoya en mi deseo de convertirme en la mejor versión de mí. No es el padre cariñoso de antes, pero al menos me apoya y no me hace daño. Mis oraciones debieron surtir efecto, conozco muchas personas que no han arreglado esos asuntos, pero a mí se me concedió el poder arreglar mi relación con mi papá.

Aún tengo unas cuantas cicatrices de inseguridad, pero sigo perseverante. Dicen que la batalla más difícil es la que haces contigo misma, en lo personal creo que estoy venciendo.

Espero que tú también estés ganando y estés tan feliz y en paz como lo estoy yo.

No hay nada mejor que seguir adelante. Aún si no tuvimos al caballero de brillante armadura llamado papá para abrazarnos cuando lo necesitamos, tuvimos a papá Dios. Y Él es más que suficiente.

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Author: emotional.ruth

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