Reto 6 Un adiós para siempre

Para Eduardo (Eduardo.blandon.94)

Con cordial y afectuoso saludo te platico un tema sensible por la confianza que me generas.

Corría el año de 1987 y yo llegaba de la escuela secundaria después de caminar unos 45 minutos en medio de un calor abrazador y la piel empapada de sudor. Al entrar a casa encontré muchos vecinos rodeando la cama donde mi hermana permanecía recostada. Mi madre en medio de una angustia avasallante se movía de un lado a otro solicitando le dijeran que necesitaban. Una vecina le frotaba a mi hermana los brazos con energía tratando de reavivarla. Con los nervios de punta y con la esperanza de que no fuera lo peor, me acerqué y le toqué el cuello para sentir sus latidos cardiacos. ¡No había pulso!, ¡¡¡había muerto!!!

En breves instantes llegó el médico, se acercó al cuerpo inerte abriendo los párpados y con una luz intensa de su lámpara los iluminó en espera de una respuesta. Enseguida con el estetoscopio verifico los latidos inexistentes del corazón. Con una frialdad propia del galeno cubrió con la sábana el rostro de mi hermana, hizo unas preguntas y la declaró oficialmente muerta.

Abordé el taxi en el cual había llegado el médico para trasladarme al centro de la ciudad y avisar a mi padre quien se encontraba en reunión de padres de familia de segundo grado de secundaria donde estudiaba mi hermana. Al entrar al salón lo localicé y le dije que debía presentarse de inmediato en casa. Me miró fijamente y adivinó mi semblante diciendo. ¡Tu hermana se murió! A lo cual afirmé sin titubeo. Al llegar a casa se acercó al cuerpo de mi hermana gritando por su nombre repetidas ocasiones. ¡Se soltó a llorar! ¡Jamás había visto tanto dolor en él y menos hacerlo de esa manera!

Después de aquel momento quedé como hijo único, el dolor a mis padres fue notorio, se llenaron de canas y las arrugas cubrieron sus rostros. Solo éramos dos hijos, mi hermana y yo. Aprendí a vivir solo con mis padres dando buenos resultados académicos en la escuela y a estar consciente de que la oportunidad de vivir es única y cada día debemos hacerlo valer porque no regresarán nunca.

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Esta entrada tiene 2 comentarios

  1. merymeneses7

    Que tristeza tu relato, pero me gustó que la oportunidad de vivir es única y cada día debemos hacerla valer porque no regresará nunca

  2. romina

    Va muy bien hasta el último párrafo, pero el cierre es muy abrupto y sueltas al lector allí.

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