Reto 6: Sus voces ya no se escuchan

Muchas veces tenemos esa sensación de angustia sin saber cuál es la razón, nos palpita tanto el corazón que hasta podemos escucharlo, hay señales pero tú no las ves, son avisos de lo que está por venir.

Cuando mi madre ingreso al hospital no tenía idea de la magnitud de la situación, ella subió a la ambulancia caminando pero jamás regreso. Sentí como se rompía una parte de mí, crees que has vivido la soledad pero no es así, ese día mientras la veía a través del cristal me sentí realmente desolada. Todo se vislumbraba gris y sin sentido, aún recuerdo el aroma de esa habitación lúgubre donde la tuve que vestir para despedirla y como miraba mi rostro pálido en el espejo cada vez que mi cuerpo escupía lo que estaba sucediendo.

Transcurrieron tres inviernos para encontrarme atrapada en el mismo espejismo, esa vez con mi padre, en ese momento me quede inmóvil observando como lo vestían antes de que enfriara su cuerpo. Recordaba como de niña me estremecía la potencia de su voz cuando llegaba a visitarme y como en su lecho se fue apagando transformándose en un susurro que se llevó el viento.

Mi madre alguna vez dijo que escuchó pasos subiendo las gradas que la estremecieron y mi padre nunca volvió a dormir con la luz apagada, ambos sabían que la muerte estaba en un rincón esperando, pero yo no la pude ver.

Todavía al dirigirme al trabajo, recibo un golpe de realidad cuando camino por la calle y veo a mi vecino limpiando su garaje, con el desinfectante que usaba mi tía Ceci para trapear el piso en el que mi padre dejaba un charco del líquido pestilente que brotaba de sus piernas; al mismo tiempo, me he sentado en el autobús con aquella enfermera que transpira el aroma del limpiador que utilizaban para asear a mi madre inconsciente, en la camilla 7 del piso 3 de neurociencias.

Sus voces ya no se escuchan, pero dicen que si mantenemos intacto el recuerdo de nuestros seres queridos ellos vivirán en nuestra memoria y en nuestro corazón eternamente, así ha sido desde entonces, todos los días cuando me levanto los pienso; pero ahora hay colores.

Cuando voy a mi lugar feliz a caminar por la arena sé que ellos cuidan mis pasos, luego volteo veo que mi hijo toma mi mano sonriendo y me doy cuenta que el tiempo sana, que el tiempo apacigua, que cada escenario tiene su razón de ser y debemos levantarnos con la frente en alto porque no podemos estancarnos en el pasado, ni quitar ese hecho que tanto dolió, pero podemos transformar el hoy.

Mi estimada Kayuri, ahora pienso más en mí, me deleito como mi plato predilecto olvidándome de las dietas, me compro ese suéter que admiro cada vez que paso por aquella tienda de la avenida central, aunque sea verano y lo más importante nunca escondo mis sentimientos.

Un abrazo a la distancia.

Adriana Chavarria C.

 

 

 

 

 

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Author: adricha_0501

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Esta entrada tiene un comentario

  1. romina

    El texto está muy bien escrito, pero no responde a lo que pide el reto. Hablaremos más del pasado significativo en un personaje en el vivo.

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