Reto #6. SUPERVIVIENTE AL ALCOHOLISMO

               Superviviente al Alcoholismo

 

Hoy es luna nueva. La noche está serena, más de lo que quisiera. Los árboles bambolean al ritmo de la brisa fresca. Mi cabello rizado, gira de lado a lado y se me ha enredado, cual medusa, atrapando  este recuerdo… Eran los alrededores del año 70, en mi humilde hogar, conformado por mi madre y sus 9 hijos. Vivíamos en una casita de bambú, con piso de tierra, forrada en periódico. Pulcra, ordenada, llena de amor y sueños…

¡Buenas tardes!, dijo un hombre de mediana estatura, parado en el umbral de la puerta. Tenía piel trigueña, muy velludo, con cejas prominentes, de 31 años, más o menos. Traía en sus manos 1 galón de leche y queso blanco. En su boca, promesas de amor a una mujer desprotegida. Ella, de buena  gana  aceptó su compañía. No sé si por cariño o necesitada de su ayuda.            

El hombre, que con promesas la conquistó, pronto se presentó como realmente era. Porque entrando él, por la puerta, y nuestra paz huyó por la ventana. 

Aquel advenedizo se llegó a convertir en nuestro padrastro.  Siendo alcohólico en potencia, no era extraño oír en casa, gritos y amenazas. Mi madre era víctima de golpes y abusos, aunque ella creía que nosotros, sus hijos, no lo sabíamos. Hecha codependiente, aguantó hasta lo sumo. Nos hundimos en el dolor y la impotencia que esto nos contrajo. 

Saranyi, hija mía, aún recuerdo los gritos que me despertaron aquella mañana. Eran aterradores, de angustia y pavor.  Veía a mi madre como detrás de un cristal empañado. Yacía de pie, bañada en sangre. Al instante quedé paralizada. Mi pulso se tornó muy rápido. Sentí que el estómago se hizo pequeñito. Un frío espantoso congeló mis venas, no podía respirar, el aire me faltaba. Me abracé a la cintura de mi madre, no quería ver su llanto, eso me dolía… 

Una vecina llegó y me apartó de mi vieja. Le dijo a ella que se bañara y se vistiera, que iban al hospital. Sé que asocié de inmediato, el sangrado, con el maltrato de mi padrastro. 

Aquel día, con siete años de edad, aprendí a llorar, suplicar, amenazar y orar. Pasé días ejerciendo el código del silencio. A diario mi pequeño corazón latía más fuerte que una estampida de caballos salvajes, rumbo al precipicio. 

Nadie en casa era capaz de sobrellevar la ansiedad. El dolor y el abandono obligaron a los más grandes, a irse temprano de casa. Los días se hicieron fríos, pesados y olvidados, como si una cortina negra se hubiese instalado frente al astro rey. 

Esta fue la vida que viví de niña. La misma se extendió por veinte años en mi hogar materno. Sus heridas eran tan crueles, que aún no toleraba un ebrio cerca de mí. De hecho, no soportaba las discusiones, mucho menos los gritos. Los mismos me llevaban de vuelta, a aquellas emociones, propias de mi niñez.

Acudí a grupos de autoayuda, para encontrar estabilidad emocional, y conforme fuí mejorando, observé sorprendida, el cambio en el carácter de mi madre. Se había vuelto tierna y comprensiva. Y mi padrastro, aquel alcohólico agresivo, poco a poco abondonó el trago. Aun le quedan defectos de carácter,  secuelas de  aquella terrible enfermedad. 

Pero, pese a todo, puedo decir que la vida es bella. El perdón me enseñó a amar. Dios me dotó de una herramienta que utilicé desde  muy niña y esa es cantar; es allí donde vuelco mis más hondos anhelos. También me enseñó a leer y a escribir, aun antes de entrar a la escuela. Hoy sigo escribiendo y cantando. Mi labor de enfermería me permite ayudar a otros; así compruebo cada día, que “amo vivir” . Dar lo mejor de mí en cada cosa que hago. En mi trabajo y hogar, mantengo una actitud positiva y le sonrío a la vida. Buscando en los sucesos siempre el aprendizaje. Me quedan cosas por lograr, hoy lucho por ello. 

Hoy paso mi mano por la herida, allí la siento, más no duele. Conozco a un Dios de amor, que me enseña que cada cosa vivida es para hacerme crecer. Por eso hija mía, hoy puedo decir como Bárbara Johnson “pónte una flor en el pelo y sé feliz”… 

 

                                         Arianys Núñez 

 

arianysdelc
Author: arianysdelc

0

Esta entrada tiene 2 comentarios

  1. romina

    Muy bien llevado, solo fíjate que haces muy brusco el paso de la noche a que vas a los grupos. Siempre hay algo que nos empuja al cambio, no des por hecho que el lector lo sabe.

Deja una respuesta

14 − seis =