Reto 6. Pasado significativo: ¿Y mi superhéroe, papá?

Pau. ¿Crees en los superhéroes? ¿Crees en su magia? En tardes como esta, en la que las ostentosas nubes predicen un chubasco de dimensiones bíblicas, me gusta creer, como cuando era un niño, que existen. Sin embargo, cuando la brisa comienza a rosar mis mejillas, me es inevitable recordar cómo mi familia se fragmentó; cómo la maldad rompió mi inocencia.

Tenía once años. Me sabía amado y respaldado por unos padres ejemplares. Hasta que, un catorce de febrero, al salir de la disco que organizaba la secundaria, vi a papá de la mano con una mujer que no era mamá. Pestañeé un par de veces, esperando que todo fuera una mala jugada ocular, pero no… ¡Era real! ¡No lo podía creer! El alma se me desgarró y sentí una punzada en la garganta. Eché a correr, pues comenzaba a lloviznar. Llegué a casa, indeciso sobre si contar lo que había observado o callar. Pero, el destino ya había echado las cartas…

–Ya vine –enunció papá al cerrar la puerta de nuestro hogar, pasadas las diez de la noche–. ¿Qué hay de cenar? –olía a tabaco.

Mi madre se levantó como una fiera del sillón, caminó hacia él y le propinó una cachetada. Gabriel, mi hermanito de ocho años y yo éramos espectadores de la tragedia: indefensos, asustados, sin saber qué hacer. Y todo se vino abajo cuando oímos: “¡Sí, chinga, tengo otra vieja! ¡A ti ya no te quiero!”.

Ese día, de alguna manera morí. El chico que solo pensaba en jugar, el que veía en su progenitor a su más grande superhéroe, se esfumó sin dejar rastro. Me convertí en el tipo de persona que me asustaba de pequeño: parrandero, altanero, temerario, rebelde… Pero cargaba con un mar de cuestionamientos, de reclamos hacia todos y hacia nadie. Mi alma clamaba amor, ¡amor que los demás chicos de mi edad tenían y yo no! Hasta que mamá enfermó de sus facultades mentales…

Solo entonces, busqué refugio en el único ser que, decían, siempre estaría con los brazos abiertos para mí: Dios. Me aferré tanto a Él que, poco a poco fui entendiendo que seguir sufriendo solo era una opción; que todo ocurría con un motivo… ¡Y sí! Comencé a utilizar mi recién adoptada valentía para luchar por mis seres amados, para romper las cadenas de tristeza y amargura que fungían de yugo y no me dejaban avanzar. Pero, sobre todo, para perdonar. Porque sí, llegué a odiar a quienes habían “destruido” mi vida.

Naturalmente, con el paso del tiempo las cosas se calmaron. El cielo se aclaró. Hice las pases con mi padre, cuando entendí que no me tocaba juzgarlo, sino amarlo. Hoy soy libre, ¡fuerte, como un torbellino!; tengo un panorama amplio, distinto y mis límites solo El Creador los conoce.

En una palabra: ¡Renací!

Emmanuel R.P.

Emmanuel Reyes Pérez
Author: Emmanuel Reyes Pérez

Escritor por amor

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Emmanuel Reyes Pérez

Escritor por amor

Esta entrada tiene 5 comentarios

  1. Jose Can

    Es muy bueno tu escrito, me gustó bastante, me conmovió. Ahora veo a que te refieres cuando dices que tenemos cosas en común.

  2. Querido Emmanuel ;

    Aún creo en los superhéroes. Aún creo en la magia. En días como hoy, cuando todo está impregnado de nostalgia, me deleito en recordar las bendiciones que se han derramado sobre nuestras vidas…

    Todos hemos atravesado esos instantes de desencanto. Es como ese peldaño extra que aparece en la escalera, antes de llegar a la cima, y nos provoca un cómico trastabillar.

    Lamento que debieras presenciar aquél episodio que terminaría orillándote al coma emocional; Sin embargo, me consuela ver que nuestro Dios ha cumplido sus promesas, como anunciaba en aquella canción…

    ♫ No hay sombra que no alumbres
    Monte que no escales
    Para encontrarme a mí
    No hay pared que no derrumbes
    Cadena que no rompas
    Para encontrarme a mí ♫

    Gracias por compartirme tu fortaleza.
    Atte. Tu amiga Pau

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