Reto 6: Para Katia Mava

En algunos momentos la vida me presento el dolor y el miedo, lo viví cuando mi papá tuvo en sus manos un diagnóstico de cáncer en de piel, no era la primera vez, pero en ese momento no tenía idea de la magnitud de la prueba que iba a tener que enfrentar.

Mi padre es un adulto mayor, de esos que no fueron criados ni con besos o abrazos, por lo tanto, nunca ha sido cariñoso, no me ha dicho que me quiere, pero estoy segura que es así, a su manera y en medio de su seriedad, siempre ha cuidado de mí, hombre de manos frías y pocas palabras, que a pesar de su edad siempre ha sido totalmente independiente y muy trabajador.

El consejo de médicos decidió que la cirugía era la mejor opción, la lesión se extendía en la mejilla y ya había alcanzado la encía, era urgente detener el avance, así que, en menos de un mes, después de tener los resultados, ya la operación estaba programada, el procedimiento médico consistía en retirar el tejido dañado y hacer una reconstrucción con piel extraída de una pierna. El panorama era alentador y no se esperaba mayor complicación.

Recuerdo el día que lo internamos, al dejarlo en la camilla del hospital, en ese cuarto tan extraño, tan lejos de su zona segura, vi como sus ojos se aguaron, no sé si era tristeza o miedo, pero salí de ahí dejando la mitad de mi corazón.

El día de la cirugía, las horas de espera eran eternas, el nerviosismo se empezaba a apoderar de mí, me sudaban las manos, se me tensaba el pecho, pasaba el tiempo y no teníamos noticias, hasta que se nos informó que a pesar de que la cirugía había salido bien, estaba sangrando mucho, entonces lo iban a internar en cuidados intermedios, no nos dejaron verlo y me marche a casa con el alma llena de tristeza y preocupación.

Cuando al fin pude verlo, tomo mi mano tan fuerte, que sentí todo ese amor que nunca me expreso.

El duro camino apenas empezaba, durante dos meses, cambie mi cómoda cama por una dura silla al lado de una camilla de hospital, noches largas llenas de sonido extraños de máquinas, toses y quejidos ajenos, frío que se colaba por las ventanas mal cerradas, medicamentos, pies hinchados y corazón partido.

Viendo como aquel hombre fuerte que admiraba, iba perdiendo peso, sus manos no tenían ya lugar donde recibir una vía más, y él callado, resignado, bien portado como decían las enfermeras, no se quejaba de las agujas, que interrumpían su sueño tan difícil de conciliar.

Mi padre tuvo que aceptar que lo ayudara a caminar o a bañarse, porque estaba débil e indefenso.

Aquel cuarto de hospital, con seis camas que cambiaban constantemente de invitados, mientras nosotros seguíamos permaneciendo ahí.

El cansancio físico que sentía era enorme, y muchas veces me sentía mal hija, porque anhelaba dormir en mi cama, cuando mi sacrificio no era nada, comparado con la lucha de mi papá.

59 días después, con una bolsita para ser alimentado directamente por el estómago, y con un tratamiento de radioterapia por delante, nos marchamos por fin a casa, la lucha no ha terminado, pero espero que los días más oscuros ya hayan pasado.

Las lecciones aprendidas son tantas, descubrí que soy una mujer más valiente de lo que creía, conocí la empatía hacia los desconocidos que lloran en los rincones de un hospital, porque muchas veces era yo esa extraña que bajaba las escaleras con lágrimas en los ojos, que soy fuerte cuando mi familia me necesita, aprendí a valorar los pequeños detalles, que muchas veces son pequeños milagros.

Pero lo más importante que me dejo todo este proceso y que más valoro, es la unión que tengo hoy con mi papá, la relación es más fuerte y más cercana y cada minuto que tengo la oportunidad de compartir con él definitivamente es un regalo de Dios.

Un abrazo, Lao

 

 

 

 

 

laura.cm28
Author: laura.cm28

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Esta entrada tiene 3 comentarios

  1. katimav

    Gracias por escribirme, tu carta me emocionó mucho. Me hizo estar presente en esas camas que tantas veces he visto y en esos monitores que a veces el sonido llega a sacarnos de nuestras casillas. Te aseguro que en los pasillos de los hospitales encuentras las oraciones más sinceras y los milagros del amor. Dios te bendiga y también a tu familia. Te envío un abrazo en la distancia Lao.

  2. Lucía Argoytia Guerra

    Querida Laura. Bien dicen que las tormentas no siempre vienen para dañarnos, sino como en este caso, para limpiar el camino. Me alegra saber que están aprovechando esta segunda oportunidad que la vida les da, y que con amor y esfuerzo mutuo…ambos se han ganado. Aún en los momentos difíciles tu papi sigue enseñándote mucho de la vida y cómo enfrentarla con honor. De esta tormenta no saldrán igual que como entraron, pues ahora saben a partir de qué miedo descubrieron padre e hija…que eran valientes. Te mando un fuerte abrazo, de esos que abrazan el alma.

  3. romina

    Tienes el tema, pero falta ordenar las ideas, y sobre todo, tener presente al lector, él debe sentir, tocar, dolerse y celebrar la victoria…

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