Reto 6: Nos hace más fuertes

Estimada Arianys:

Ayer soñé con mi hijo pero no fue bonito. Mi propia familia lo alejaba de mí, aduciendo que yo era incapaz de cuidarlo. Desperté cuando trataba de llegar a él.

Un malestar sobrecoge mi pecho. Me ha traído recuerdos que todavía ponen en alerta mis sentidos. Por ello ahora me acurruco de nuevo entre las sábanas, y quizás abusando de este brote de confianza entre nosotras, he decidido escribirle.

 

Influenciada por la ausencia de unos padres que trabajaban todo el día y un hermano mayor que vivía en su mundo, desarrollé una personalidad solitaria. Mi abuelo, la única persona en la que confiaba falleció cuando tenía quince. Como crecimos en un pueblo pequeño, con pocas oportunidades, mi hermano terminó secundaria y se fue a la capital a seguir estudiando. Tres años más tarde, yo me uniría. Nuestra convivencia, igual que en casa estuvo marcada por la incomprensión y  las peleas. Así que cuando tuve la oportunidad, me mudé aparte; de todos modos, lo visitaba casi diario. Hace un par de años más o menos, tuvimos un altercado que me marcaría demasiado.

La verdad Arianys, ya no recuerdo cómo empezó, solo sé que tome conciencia de la magnitud, cuando lo tenía encima de mí, golpeándome. Fueron los vecinos que nos detuvieron aporreando la puerta. El incidente pasó. Solo lo supieron mis padres. Transcurrió algún tiempo antes que volviera a hablarle, pero todo quedó ahí. Creo que algo se rompió en mí entonces.

Yo desarrollé una especie de fobia a las discusiones. Cada vez que un problema con otra persona se avecinaba, aunque no fuera demasiado importante, la reacción en mí era inmensa. Me llenaba de tristeza, de ira y de angustia que no sabía manejar. Quería desquitarme, pelear, aunque era consciente de que nadie lo merecía. Si era una llamada con mi madre o mi novio, cortaba y caía en desesperación; gritaba, golpeaba las paredes o tiraba cosas, lo que sea que estuviera a mi alcance hacer, para liberar la impotencia de no ser capaz de defenderme.

La situación empeoró con los meses. No lo hablé con nadie. De pronto, ya no era suficiente con esta explosión de energía, necesitaba algo más fuerte. Comencé a cortar mi piel. Me causaba un dolor casi cautivante, y me calmaba después de eso. Después de la primera vez, asustada pensé en no hacerlo más, pero no lo cumplí, ni esa ni las siguientes ocasiones. Una más, otra y de nuevo. Bastaba solo una chispa, un pequeño desacuerdo con alguien… Las heridas solo eran superficiales, pero el daño estaba arraigado en mi alma. A vista de todos nada pasaba; por dentro, moría.

Llegó en un momento en que no era capaz de lidiar con ningún conflicto, ni familiar, ni amoroso, ni en el trabajo, nada. La relación con mi pareja había avanzado, yo lo quería mucho; y antes de que mis contrariedades nos alejaran definitivamente, decidí contarle lo que me pasaba… Lloró. En parte se sintió culpable, pero se mantuvo fuerte. Me animó a pedir ayuda. Incentivada por ese afecto, acudí a terapia.

Debo decir que fue un camino largo y difícil. Demasiado. El terapeuta me mostró que habían partes de mí en conflicto: la Frescia iracunda y explosiva, que odiaba a aquella callada y solitaria, que no se defendía. Volver a unirlas  fue un proceso doloroso. Requirió de toda mi fuerza de voluntad. Me caí y me levante varias veces.

Con el tiempo, fui retomando mi vida. Ya pasaron meses; las heridas se volvieron cicatrices, las físicas y mentales. Encontré un punto de refugio en las personas que me importan. Si deseo amarlas y cuidarlas, yo tengo que mantenerme fuerte. Con ellos y con mucha fe, mis demonios fueron alejándose.

Aprendí que no solo el cuerpo enferma, la mente también. Y que tantas veces por vergüenza y miedo, sufrimos esto solos. Ignorando que así como los doctores, hay personas especializadas en ayudarnos a curar el alma.

Cuando miro en retrospectiva, un pedacito mío en el fondo se remueve. Me siento vulnerable, pero también poderosa. Hay cosas que siempre formarán parte de mí. Estimada amiga, “lo que no nos mata, nos hace más fuertes”.

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Esta entrada tiene 5 comentarios

  1. Disfruté mucho leyéndote..Noté todo en sincronía..Se sintió real, conexión, un pasado doloroso..Felicitaciones..Sigue así 😊

  2. romina

    Muy bien desarrollado. Te felicito por el escrito.

  3. arianysdelc

    ¿Cómo crees Frescia, que me siento? Honrada con tu relato. El camino hacia la recuperación es doloroso, y el camino que yo encontré fue, en orden de prioridades: Dios, yo y mis hijos… Aún mantengo mi equilibrio…

  4. Daniel Lugo

    Definitivamente me gusto mucho la manera en la que lograste transmitir tus sentimientos, el dolor y absolutamente todo se convirtió en una conexión increíble entre el lector y el escritor, felicidades

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