Reto 6 Murió para ser mi motor (para Eduardo.blandon.94)

Eduardo

Quiero contarte un hecho que me ha causado mucho dolor, yo he visto a la muerte frente a mí muchas veces, no porque este en peligro de muerte inminente, sino porque me he despedido de muchos seres queridos desde edades tempranas, y ahora como médico, pero ninguno me ha impactado tanto como la primera vez, cuando yo solo tenía seis años.

Mi padrino era como un segundo padre para mí, me mimaba, cuidaba y amaba como a su propia hija. Murió repentinamente. La noticia llegó en forma de llamada, telefónica, sabíamos que estaba enfermo internado en Monterrey le harían una cirugía en apariencia sencilla, un cambio de marca-paso. El teléfono sonó, mi madre contestó, escuchó unos instantes, y lagrimas sin parar se derramaron sobre sus mejillas, yo solo pregunte “¿Ya esta en el cielo?”, mi madre agacho la cabeza y me abrazó fuerte, lloramos juntas, mucho, horas, días y cada que su nombre era mencionado, mi familia entera sufrío descomunalmente por su muerte, yo incluso me negaba a ella, y esperaba que un día volviera, era un hombre en demasía bueno como para que se fuera para siempre.

Mi padrino fue un hombre ejemplar, pero muy trabajador, tanto que la extrema carga de trabajo de ser un gerente bancario a nivel nacional, provocó que su corazón enfermo no soportara más.

Con su muerte yo entendí que nadie es eterno, que no puedes depender de alguien pues aunque parezca que siempre estará ahí, puede irse; dejar a una viuda quien al casarse ilusionada de una estabilidad económica brindada por su marido, dejó su trabajo para convertirse en ama de casa y cuidar de sus tres hijos, sin pensar que el exitoso gerente de banco, que fue mi padrino, pudiese morir, y esa viuda tendría que trabajar desde ceros para sacar adelante a sus hijos con todo el esfuerzo y dedicación, dejando de lado el dolor que perder un esposo implica.

Sí, yo a los seis años, con el dolor de perder a mi amado padrino, era una precoz observadora, inteligente niña, me daba cuenta de lo que ocurría y pensaba “A mí no me va a pasar lo qué a mí madrina, yo nunca voy a dejar de trabajar” y comencé sin vacilar. Sí Lalo, a los seis años comencé a trabajar, de una manera inocente, pero lo hice.

Tenía en ese entonces muchos libros novedosos para colorear, algunos me los habían obsequiado mis padrinos, a los niños del colegio les gustaban por ser diferentes a los de ellos, así que por las tardes y noches calcaba los encargos que me hacían, y al día siguiente entregaba los pedidos, con un precio distinto según el grado de dificultad. ¿Ingeniosa no?

Más tarde no solo eran dibujos, si no lápices, colores, plumones, toda clase de artículos que encontraba en la papelería bien surtida que estaba a la vuelta de mi casa, los revendía, obteniendo ganancias.

Seguí y seguí a la par de mis estudios, comencé a vender productos por catálogo, hoy vendo “Natura” y “Tupperware”. Y desde siempre ahorrando y también usando dinero para lujos que yo costeaba, antes eran barbies; hoy son libros, cremas, lociones.

Lo hago hoy siendo médico a punto de titularme. Sí desde hace 19 años trabajo, y hasta que mis días cesen lo seguiré haciendo.

 

 

 

Con cariño Dulce Ruiz

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Esta entrada tiene un comentario

  1. romina

    El texto está bien escrito, pero falta conexión y sobre todo enfoque en el PG del reto. Hablaremos de ello en el vivo de hoy.

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