Reto 6. “La niña que me visita”

“La niña que me visita”

 Manuel Alkysirez, tu nombre es una rima en mi mente. Las cicatrices visibles, las más feas que puedas encontrar, esas que parecen gusanos haciendo camino bajo la piel, se denominan queloides, están formadas de fibroblastos y otras sustancias que en situaciones anormales hacen trastornos de la cicatrización. Esta noche no son ese tipo de cicatrices las que nos competen, sino unas que llevamos bien ocultas no debajo de la ropa, más bien en el interior, en el alma. Después de un capuccino moka, me he encerrado en mi habitación. Siempre bajo las cortinas, pero esta noche no, porque mi respiración de a poco se agita, porque de repente se me ha subido el calor, siento ardor en mis mejillas y se me estruja el corazón, pero necesito que mi razón esté cuerda mientras te cuento con tiento la pesadilla que casi me mató. No quiero cerrar los ojos, antes que nada necesito escribir.

 Hay una vieja historia en el mundo sobre el deseo sexual en el hombre y la mujer, sobre el erotismo y sobre la química del contacto físico… creo que el modo de vivir estas experiencias depende mucho de “la primera vez”. La mía no fue particular, fue una entre millones iguales pero cómo duele por mí y por las demás mujeres engañadas, sobrepasadas, maltratadas y violadas.

 Fue hace más de quince años, cursaba el cuarto o quinto año de mi educación básica, el mundo era un misterio y yo era una curiosa incansable, risueña, traviesa… una niña grande con cuerpo de señorita. Cierta tarde, entre chiquillos consanguíneos jugábamos a las escondidas y había alguien insensato que no era ingenuo como yo, alguien que a base de obtener mi confianza y en plan de juego con trasfondo enfermo, me hizo ver la vida triste y odiar mi feminidad. Era un sitio estrecho, estaba oscuro, polvoso y él era como una silla de tortura. Me encontraba atada por sus brazos y no sabía por qué mi pequeño cuerpo se movía al ritmo de la respiración de aquél animal. No podía gritar, sus enormes manos cubrían mi boca, apenas alcanzaba a respirar, lo único que me quedaba claro era el encierro y mi soledad. Nadie vino a salvarme, fui ultrajada y nadie me oyó llorar. En ese instante que a mi parecer fue eterno, por medio de un abrazo asqueroso fui privada de mi libertad, de mi inocencia y se marchitó mi felicidad. Vinieron días oscuros, dejé de sonreír, era un objeto que cambiaba de lugar, el brillo del mundo en mis días de infancia cambió al confinamiento afectuoso y una interminable oscuridad. Con el tiempo obtuve un caparazón de grasa y una defensa mental. Dejé de dar amor, rechacé con violencia a todo aquél que quisiera brindarme una muestra de cariño o de amistad. Pero en el fondo deseaba una caricia que me explicara que un solo hombre no significaba toda la humanidad.

 Durante años sentí que portaba una mancha. Estaba convencida de que el mundo solo con mirarme sabía que a pesar de mi piel pálida y no importando las veces que me duchara, estaba sucia, que cualquiera podía ver las huellas del abuso, todos podían sentir la pestilencia aquél lugar encerrado inundado de exhalaciones, sudores y secreciones, empapada hasta los huesos. Llegué a pensar que había sido mi culpa y más que tomar venganza y matar a mi perpetrador, quería huir de la vida, quería entrar en el descanso eterno y apagar el interruptor del dolor.

 Manuel, a media luz es como mantengo esta noche mis emociones que se vierten sobre un papel blanco que se vuelve bicolor por la tinta deletreando un pasado que a veces me quiebra, me ahoga, me lacera. Mientras te escribo una carta, tengo prendida una vela con aroma a vainilla, que trata de calmarme con su dulzura e hipnotizarme con su cálida y humeante flamita rumbera. ¿Sabes qué hay detrás de esa luz a base de fuego y cera? Sobre mi mesita de noche está retratado mi presente rosa, en un portarretrato firme hay una fotografía de un hombre que me abraza pero esta vez de forma tierna, hombro a hombro, él no me fuerza. Perdóname si lloro, te prometo que no es de tristeza, son lágrimas de alivio y agradecimiento por llegar a este momento y creer haber superado una prueba.

Fue difícil aceptar un hecho que no tenía explicación y mucho menos justificación, pero el encierro en el que me vi por años, me hizo ser reflexiva. Aquélla pesadilla me aisló por un tiempo del contacto humano y como premio del universo dormí entre libros, me regocijé en ellos, me alimenté de sus encantos. Hoy vivo sin dolor el 95% de mis días pero no te miento, a veces me cuesta lidiar con el pasado y con esa pequeña traviesa que me visita y exige una compensación por las noches de insomnio y sus eternas ojeras.

Cuando ella viene a verme, la tomo de los hombros, le digo que confíe en mí. La siento a mi lado, la abrazo con cuidado, le acaricio el rostro y le muestro los trofeos de todo lo que hemos logrado, le aseguro que lo hemos hecho juntas pues sin ella y su voluntad de hierro no habría visto este presente ni hubiera aprendido que la felicidad de la vida es invaluable aunque sea a ratos. Ella me pregunta si será feliz en el futuro, yo le digo que fue feliz también en el pasado. Le muestro que no estuvo sola y ella reconoce los cariños que la cobijaron. Me vuelvo cálida y con voz tenue le explico con mis ojos y con palabras cuánto la he admirado. A veces ella llora, tiembla y se desmorona, entonces le canto una canción de cuna y la dejo dormir en mi regazo y mientras descansa le cuento una historia de cómo su luz con el tiempo llama a otros a creer en los milagros. La veo sonriente en el lejano ensueño y un ángel ilumina su rostro relajado cuando le digo que un día un príncipe bondadoso llegará en corcel y la llevará a explorar cielos y lugares extraordinarios, en libertad, en paz, que la hará sentirse una reina y se llevará su llanto. La pequeña Katy suspira y la adulta que no ha crecido del todo piensa que la vida es bella y que el miedo ha sido superado.

Katia Mava

katimav
Author: katimav

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Esta entrada tiene 4 comentarios

  1. romina

    Los primeros dos párrafos son poco claros, y no aportan. Enfoca tu idea. Luego si cobra fuerza, el cierre fantástico.

  2. alkysirez

    No pude evitar sentir enojo e impotencia al leer tu escrito, Katy.

    Gracias por abrir tu corazón conmigo. Nunca dejes de abrazar a la pequeña Katy.

    Te admiro y te respeto.

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