Reto 6 El corazón no se le abre a cualquiera

Y aquí estamos nuevamente Marcelo, dispuestos a sumergirnos en las profundidades del corazón.  Te agradezco el valioso regalo del tiempo y la confianza que me brindas al ofrecer tu mano para lanzarnos, aun sabiendo que no se nadar.

Bien sabes lo hermética que a ojos del mundo suelo ser y hoy quiero compartirte un capítulo de mi vida que me enseñó a blindar la que hoy es mi fortaleza y mayor debilidad. 

Cuando tenía aproximadamente 12 años de edad, en un retiro espiritual de mi colegio, decidí compartirle al sacerdote que estaba confesando, toda la culpa que sentía por la infelicidad de mis padres. Era tan solo una niña, que desde muy pequeña aprendió a escuchar y observar detenidamente, guardando en su corazón muchísimo dolor ajeno, pues, aunque mis papas no pasaran todo el día discutiendo, su desamor y frustración era evidente.  De vez en cuando mi mamá decía cosas hirientes a mi papá o a mí, sin medir la dimensión de lo que era su egoísta desahogo.

Para animarme a romper mi silencio y hablar al sacerdote, reconociendo mi pecado, pasó buen tiempo de discernimiento.  Me costó.  Y éste, al escucharme se echo a reír en mi cara interrumpiendo mi sentido relato.  El tiempo pareció detenerse, mis oídos se bloquearon, el corazón se me apretó y una fuerte punzada a la altura de mi cintillo me hicieron concentrarme primero en el dolor físico del momento y luego en el dolor espiritual.  El representante de Dios en la tierra se había burlado de lo que para mí era basal.

A ojos de niña, la humillación fue demoledora. Pasaron años de renegar contra Dios y su gente.  Mi desconfianza en los humanos, por ésta y otras innumerables experiencias que coleccioné había crecido, pero llego un momento en que no tuve más opción que recurrir a alguien y decidí ir directamente a Dios.  Frente a un Cristo de madera y con la energía adolescente de mis 17 años me atreví a desafiarlo a tomar mi cruz a cambio de yo tomar la suya.  El se las arreglaría con el dolor de mi familia yo le ayudaría a expandir su mensaje de amor.  Una mezcla de desesperación y esperanza me hicieron emitir este alarido de auxilio.    Mis papas por fin se separarían y necesitaba fuerzas divinas para seguir siendo punto de unión familiar. 

Lo que vino posterior a esta honesta súplica, hasta el día de hoy, ha sido todo de bendición.  Me enamoré de Jesús y su mensaje; la comunicación con el Padre ha sido fluida y muy poderosa. Comprendí que no debo confundirme con la humanidad de los Pastores, ni con la verdad que algunas iglesias predican, ya que la mayoría acomoda el verdadero mensaje a su conveniencia y cometen graves errores valiéndose del nombre de un Dios que se aleja del verdadero amor.  Aquel sacerdote es un ser humano que no estaba preparado para proteger el inocente corazón de una niña que sufría y buscaba cobijo.  No tenía tampoco la sensibilidad para hacerlo y sus intenciones nunca fueron las de humillarme.  Así como ha pasado con el resto de personas a las cuales he abierto el corazón y no lo han valorado.

Vivencias como éstas, me fueron mostrando el camino de mi vocación.  La catequesis dejó en evidencia lo creativa que podía ser a la hora de facilitar un mensaje y lo feliz que me hacía conectar con niños y jóvenes siendo puente de unión entre ellos y el Padre.

Hemos hablado de tu crisis Pastoral y de todas las creencias que valientemente has tenido que derribar para depurar tu fe y mantenerte en el diseño, tu rostro resplandeciente y tus ojos brillantes me permitieron ser testigo de ese fuego que arde en tu interior y que es capaz de encender a otros.

Te invito al igual que logré yo, perdonar a todos quienes te humillaron o no entendieron tu forma de enfrentarte a la vida y amar. Y cada vez que sientas que tu entrega no es valorada por alguien,  entender las limitaciones del amor humano, recordar que el corazón no se le abre a cualquiera y que nuestro compromiso fue y seguirá siendo directamente con el Padre Celestial. 

Tu compañera de aventuras

 Pao

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Author: plizama.coach

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Esta entrada tiene un comentario

  1. romina

    Bien la redacción, solo enfoca el objetivo, y aquello que no se acerque a él, aunque suene bonito, sobra en tu texto.

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