Reto 6

Hola maka, soy yo otra vez. Te escribo desde el mismo rincón de siempre. Hoy este espacio es muy diferente, cerré mi habitación para abrir mi corazón. Mi espacio creativo hoy se cierra a todos para enfocarme en ti.

Nos leímos. Tú me leíste y sé que crees que todos mis escritos son cursis y tipo “viva el amor” “todo es hermoso”. Hoy vas a conocer el otro lado de la historia, siéntate, sirve el vaso con tu verdadero amor el café y léeme.

Era seis de octubre del 2018. Estaba a seis días de cumplir un año con quien ahora es mi ex. Él se encontraba en una ciudad cercana por motivos de estudio, volvía ese día. Todo parecía ir muy bien, hasta que cometí un error. Salía del colegio después de una actividad de mi salón. Era sábado y las calles estaban evidentemente vacías. Mi novio me había comentado días antes que un amigo suyo, juan, estaba llevando una cadena, se empezaba con diez mil y se ganaban casi quinientos mil pesos. No necesitaba dinero de forma desesperada pero igual decidí entrar en eso, a pesar de que mi novio lo consideraba una pérdida de tiempo y de plata. Caminaba con Paula una chica de maso menos mi estatura, mayor en edad, no me llevaba mucho con ella, pero íbamos a la misma casa entonces la acompañe. Doblamos la esquina del colegio y nos adentramos a la carretera destapada que conducía a la casa de juan. A lo lejos se veía un auto muy peculiar por su combinación de colores, verde y negro. Al otro lado de la calle se celebraba un cumpleaños y había muchas personas. El auto descansaba bajo un árbol pequeño que se ubicaba en la esquena de la casa. Juan salió del auto nos saludó y nos dijo que entráramos, Me senté en el asiento de adelante junto al del conductor, Paula se sentó atrás con su celular y Juan volvió al puesto en el que estaba, al volante. Él era moreno y bajo de estatura, usaba gafas y estaba algo pasado de peso. No era mi tipo, aunque a decir verdad no sé cual sea mi tipo. Me sentía incomoda, busque en los bolsillos de mis shorts el billete para entregárselo e irme. En ese momento llego el novio de Paula en una moto, era alto, blanco igual que ella y tenía pómulos grandes. Saludo y se la llevo. Me quede con juan y le pase el billete, iba a salir del carro cuando puso su mano sobre mi pierna y me beso. No opuse resistencia y me dejé besar. Para ser sincera no era le primera vez que engañaba a mi novio. Le dije que me tenía que ir y me acompaño hasta la esquina. Llegue a mi casa rápido pues solo estaba a una cuadra doblando la esquina. Mis hermanos estaban en la sala, al abrir la puerta los encontré sentados en el sofá viendo televisión. En la puerta que daba a la cocina estaba mi tía minusválida tejiendo. La salude y pase a la cocina a hacer el almuerzo. No prendí la estufa, ni busqué las ollas, solo prendí el portátil y me encontré un mensaje de juan. Me decía que volviera… Han pasado ya años y no sé por qué volví. Esa tarde le fui infiel a mi novio. Pensé que no me afectaría que podía acallar mi conciencia y seguir normal. Que equivocada estaba. Que estúpida era. En la tarde cuando llego mi novio nos encontramos. Él no me miraba igual, ni siquiera me miraba. Me dijo que lo acompañara. Caminamos en dirección a la casa de Juan y sentí que mi mundo se congelaba. Mis zapatos empezaron a tallarme, mi estómago amenazo con obligarme a devolver el almuerzo. Le dije que me tallaban los zapatos y me pregunto si era verdad. Sabía que no lo preguntaba por los zapatos. Lo seguí en silencio. Subí las escaleras de esa casa y mientras más subía más se me bajaba la presión. Se abrió la puerta y ahí estaba. No estaba solo y eso fue lo que más me sorprendió. En la base de las escaleras que dirigían a la terraza estaba Farid, un chico del mismo colegio de Juan que hace unos días me escribía para que le prestara una memoria con películas. Ne sentía acorralada. Sola. En peligro. Mi novio empezó a preguntar si era verdad, que con cuál de los dos fue. Me sentía terrada. Y en ese momento el peor de los escenarios ocurrió, mi novio se acercó a la barra de la cocina y tomo un cuchillo. En sus ojos solo se veía odio. Nadie me ayudaba. Le dije que sí. Le volví a decir que si gritando. Dejo el cuchillo, golpeo a juan en la cara y se fue. Lo vi bajar las escaleras y alejarse. Me puse a llorar, estaba de pie en la sala de una casa desconocida, llorando en medio del caos que se acababa de desatar. Juan se acercó a abrazarme para decirme que todo estaba bien, lo aleje de golpe y me encerré en el baño. Trate de ahogarme. Sostenía mi cuello con fuerza y buscaba que el oxígeno se acabara pronto. Entonces escuche su voz gritando. Había vuelto y preguntaba si me había tomado algo. Si me había envenenado. Salí del baño y les dije que me iba. Todo se perdió que iba a tratar de recuperar. Pero en el fondo no quería irme. Subí a la terraza y ellos subieron a ver que no me tirara. Era una terraza compartida, los vecinos se enteraron de todo. Luego todo se puso peor, ya había caído la noche yo debía estar en mi casa. Llegaron los padres de juan. Para todo el mundo yo era la puta culpable de todo. Seguro si lo era. Salí de esa casa con mi novio, ex novio, no sabía que éramos. Solo éramos dos personas. El miedo se apodero de mí de solo pensar que debía llegar a mi casa y encontrarme con mis padres. Le dije que me acompañara a otra parte. Me podía matar, podía golpearme, pero solo quería que me acompañara. Tenía miedo. Quería llorar, desaparecer. Irme. No había muchas opciones. Esa noche toda mi familia me estaba buscando. Me encontró mi abuela. Ver la decepción en esos ojos dolió más que todo lo que había pasado. Me quería morir. Ella me hizo volver a la casa. Él no me acompaño. Cuando doblamos la esquina vi a mis suegros y a mis padres afuera de la casa. Mi papá se debía haber ido a trabajar hace una hora, pero ahí estaba. Me miro con decepción y al entrar a la casa me dio una cachetada. Fue la primera y única vez que mi padre me golpeo. Se fue al trabajo y no volvió hasta el día siguiente. Al otro día me dijo que me había llegado un mensaje de Juan “Sara, lamento mucho lo sucedido. La culpa me carcome por dentro, no puedo verme al espejo, soy de lo más mierda que pueda haber en este mundo. Quisiera poder salvarlos a los dos, hacer conocer a tu novio que no eres la mujer perfecta, hacerte saber que el hecho de que hayamos hecho algo no te desvaloriza, quisiera que primero te ames a ti misma, no te guardes rencores a ti misma, ódiame a mí, anhela matarme, desvía esos malos sentimientos a mí, deséate lo mejor a ti misma, pero no te hagas daño, yo no puedo con la culpa, sobre todo al pensar en tu familia me hace sentir que no merezco perdón y más bien una crucifixión. Intenta cambiar, trata de comenzar de nuevo contigo misma. Atentamente alguien que es peor que tu, lo lamento mucho”…

Maka, ese sentimiento no se lo deseo a nadie. Salir del fondo, del fango, del espeso pantano que no deja ver la luz. Todos los días me reclamaba. Me odie por meses enteros. Verlo todos los días en el colegio era una puta tortura que no le deseo a nadie. Fui victima de mi propio error y recuperarme era solamente mi decisión y la tome.

Me demore 6 o 7 meses en tratar de sanar. Mis padres me perdonaron, o eso creo. Las cosas se olvidaron, de alguna forma y yo enterré esos recuerdos para no llorarlos más. Hoy volví a la tumba de ese día y desvelé todos los recuerdos que ya eran borrosos.

No todo es viva el amor para mí. Si lo escribo así es porque llego alguien que me ayudo a liberarme de las cadenas del recuerdo. Por él escribo porque a pesar de que esa noche lo perdí todo empecé de nuevo. Busque rehacer la relación con mis padres. Me enfoque en mí. Encontré a alguien que a pesar de conocer mi maldito pasado me ayuda a sentirme bien y a ver el mundo de forma diferente. Que me ayuda a verme a mí de forma diferente.

Me libere de eso con tanto llanto y ahora soy feliz. Me perdono cada día y busco un perdón completo. Quedarse llorando no era una opción. Esos seis meses fueron una prueba que me purifico. Cambie y soy feliz.

Desde el fondo de mi alma deseo que seas feliz. No dejes de escribir. Te prometo no hacerlo.

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Esta entrada tiene 4 comentarios

  1. romina

    Sara. Falta enfoque en el reto. Narras muchas cosas, y no llegas al objetivo del ejercicio. Hablamos de ello ayer en el vivo.

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