Reto 5. Soltar las riendas

Querida Arianys:

Estoy cansada de correr tras el viento, quedando bien aquí y allá; cumpliendo siempre mi deber. Sintiéndome, a veces, como marioneta por no haber aprendido a decir un No. 

Disfruto mi trabajo a mil, no lo puedo negar. Mi entrega y compromiso son recompensados cuando veo a los niños, con esas sonrisas y ojitos llenos de alegría, llegar a mi consulta. Y qué decir de las palabras y miradas de agradecimiento de los padres al ver los cambios que, como equipo, alcanzamos. Aceleran mi corazón por la satisfacción que siento. Pero, cada vez tengo más y más responsabilidades y eso ha hecho que reste tiempo valioso para mis hijos y su educación, lo que me tiene arrastrando los pies de tanto pesar. 

¿Que tengo todo bajo control? Ilógico. Soy un ser humano. Ser neuropsicóloga no me hace “súper mujer”. 

Me agobia pensar que, conociendo todo lo que sé, no pueda dedicar el tiempo suficiente a mis hijos para ayudarlos en cada etapa de su crecimiento, en cada crisis que se presente. Y es que estoy tan agotada que mis ojos se cierran solos en cada oportunidad que encuentran. Y, aunque me esfuerzo, mi energía no es la misma.

Soy de tirarme al suelo a jugar con mis hijos, de hacerme niña para divertirnos juntos y, también, para entenderlos. 

Me llena de ilusión cuando quieren ayudarme en los quehaceres de la casa. Cuando me buscan para que los consuele o para contarme sus más íntimos secretos. Estoy sedienta de esto; quiero más. 

Y, otra vez, esa opresión en mi pecho. Mis extremidades me hormiguean… pareciera que mis músculos no pueden soportarme. Mi respiración se acelera y entrecorta, estoy hiperventilando. Reconozco esa sensación, es la ansiedad aflorando en mi piel; siento que voy a enloquecer. 

A los ojos de los demás, soy la amalgama perfecta entre maternidad y profesión. Pero no es cierto. La diaria preocupación está mermando el disfrute de mi deber. Me cuesta salir a trabajar y lloro con cada “te voy a extrañar, mamá”. 

En mis labores, el reloj avanza lento, retardando siempre nuestro encuentro; pareciera que nada le importa. Y este sentimiento de impotencia, que desespera, ha hecho que mi vida se vuelva ingobernable. No logro comprender cómo, todo, se salió de mis manos. 

Pero, hay algo que sí tengo claro: No puedo seguir así. 

Dios me ha permitido esta vivencia. Incluso me ha bendecido con la familia y trabajo, que siempre había soñado, para que pueda disfrutarlos sin sentir esa ansiedad, sin que deba controlar. Mis hijos me necesitan bien.

Como luz de la mañana cuyos rayos sobrepasan la densa oscuridad, son abiertos mis ojos a un nuevo entendimiento: debo aprender a soltar. Está bien que no pueda con todo. No pasa nada. Tengo que confiar. 

Confiar en que existe una Inteligencia Superior a la mía, un Ser Omnipotente y Amoroso, que también es Padre y a quien puedo cederle el control. 

Podrás imaginarte, querida Arianys, el descanso que tuvo mi alma ante tal revelación. Ha sido tan reparador que, siento que voy a volar, porque el peso que tenía en mi espalda se ha ido. Soy una nueva mujer. Ha vuelto el brillo a mis ojos, y la gracia a mi sonrisa. 

Por eso, hoy ejerceré mi fe, esa fe que cancela cualquier imposible. Soltaré las riendas de mi vida y permitiré que sea Dios quien las dirija.  Viviré un día a la vez, siendo más consciente de gozar las pequeñas cosas que pintan de colores mi vida.

Seré la madre que mis hijos necesitan porque he aprendido a dejar de correr tras el viento y a hacer del tiempo mi mejor aliado. 

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Esta entrada tiene 2 comentarios

  1. arianysdelc

    Tienes toda la razón, soltar y confiar en Dios.. es la única solución… lindo escrito, gracias por elegirme

  2. romina

    Falta darle mas forma al problema y al por qué es un problema. Cuida de no escribir literal frases del libro. Son ejemplos, pero tú tienes tu propia voz. Y tiene fuerza.

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