Reto 5 | Príncipe de Paz

Estimada Adriana,

 

Aquí el clima está cambiando paulatinamente, ahora los días soleados son más frecuentes que aquellos grises. El canto de los cuervos han sido reemplazados por el trinar de los pájaros. Llegó la primavera. Estoy sola en casa, recostada en mi sillón azul. Pienso en los últimos dos días y en toda la avalancha de emociones que me ha tocado vivir.

“Muerte” es una palabra que causa sobresalto, incertidumbre, escalofríos. Sino estás acostumbrado a lidiar con ella, puede parecer lejana, jamás estarás lo suficientemente preparado para saber qué hacer en el preciso momento de su llegada.

El día jueves vi morir una persona, no me causo tanto shock el evento en sí, fue tranquilo, sin dolor, en medio de las oraciones del personal médico. Lo que me devastó fue lo subsiguiente; tuve que avisar a los familiares, mientras la doctora me decía lo que tenía que decir en inglés, yo tenía que traducir su mensaje palabra por palabra, ella se derrumbó en llanto y yo también no pude resistir. Allí estaba la muerte imperiosa, viéndome cara a cara, riéndose de mí y yo sólo quería salir corriendo para no enfrentarla. Sin embargo, mis peores temores estaban por realizarse. Al día siguiente, en el trayecto de regreso a casa, me llegó un mensaje de texto, en el cual me informaban que una persona muy cercana a mi había fallecido y debido a la pandemia no habría funeral, no habrían últimas despedidas. No fue el covid a llevárselo sino otras enfermedades que lo aquejaban desde hace tiempo.

La preocupación por la inminente llegada de ese mensaje de texto me había quitado el sueño durante meses, incluso hubieron momentos en los cuales desperté llorando, no estaba preparada para enfrentar la muerte de un ser amado, necesitaba tiempo. Traté de compartir mis preocupaciones con mis allegados, te voy a ser sincera, no me gustaron sus respuestas. Es más, después de ello me dieron ganas de no volver a hablarles. Un día me atreví a decir que tenía miedo que mi familiar pudiese morir en cualquier momento y no verle por una última vez. Me decían “pero existe el teléfono”. Me enojó tal respuesta. ¡Ya sé que existe el teléfono!  Mi abuelo murió cuando tenía seis años, y viví las cosas de una manera diferente. Esta es la primera vez que me toca vivir un luto desde la perspectiva de un adulto. Pero ¿cómo diantres le encuentras una solución a la muerte?.

Y allí estaba el mensaje de texto que tanto había temido durante meses.  En esos momentos agradecí el encontrarme en un tren vacío, lejos de las miradas curiosas de pasajeros. Sabes, pasó algo sobrenatural, no fue negación de la realidad, ni shock, fue una sensación de que todo estaba bajo control, que había llegado el final de una etapa para una persona amada y,  aunque aparentemente era el final, en realidad no lo era… dí un suspiro. Sentí un silbo apacible, Dios estaba conmigo en ese tren aparentemente vacío, mi ser amado estaba en sus brazos, y eso era todo lo que importaba.

El tren seguía su curso, tratando de recuperar la media hora injustificable que tenía de retraso. El viento golpeaba a través de sus ventanillas y así mismo las palabras de Saulo de Tarso empezaron a hacer eco en mi mente:

¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria?

Entendí que la muerte es sólo una pausa de esta vida. Es doloroso sí, no voy a negarlo, sé que ahora me espera un tiempo de luto, sé que no será fácil. Sin embargo, la paz de Dios que sobrepasa todo entendimiento, literalmente me inundó el corazón. Anoche, pude dormir sin sobresaltos. La muerte no tiene solución, pero lo que sucede después de ella sí, sólo en Dios está la respuesta, él es el príncipe de paz y mi tesoro más grande es poder conocerle.

Escribir estas lineas ha sido muy terapéutico, creo que ha sido un segundo paso, me ha ayudado a poner en orden mis pensamientos, ha sido un suspiro para mi alma.

Querida Adriana, te agradezco por tu atención, quiero que sepas que valoro mucho la chispa de alegría que transmites a través de tus letras, en más de una vez me has sacado una sonrisa. «eeeei Macarena»  Gracias.

¡Con afecto!

 

K  

 

karennia2
Author: karennia2

0

Esta entrada tiene 5 comentarios

    1. karennia2

      Tienes razón, ya lo modifiqué y le agregué más referencias explícitas. Gracias por hacerlo notar.

  1. romina

    Vuelve a leer la consigna. De qué debemos hablar.

Deja una respuesta

veinte − 2 =