Reto 5. A Marcelo Medina

Mi Amado Marcelo:

Nuestros tiempos no coincidieron ni los hicimos coincidir, más en medio de este especial encierro y aprovechando el empujón de nuestra maestra, he preparado otro momento mágico para los dos.  Esta vez te invito a mi hogar.  

Cae la tarde y el sol amenaza con entrarse. Desde mi balcón veo los vehículos que van y vienen por la carretera, el viento fresco en mi rostro y un suave escalofrío en mi espalda, me hace sentir que ya estas acá.  Ya no hay excusas, el reloj será generoso y podremos disfrutar de cada segundo una vez más, en perfecta complicidad. Abriendo las puertas de mi espíritu y fundiéndome en un nuevo abrazo, te doy las gracias por acudir a la cita y brindarme la oportunidad de apoyarme en tu pecho y descansar al ritmo de tu corazón.

Eres un hombre sensible y aunque ya lo sabes, quiero sumergirme en el profundo océano de mi ser y confesarte que a pesar de mi exterior alegre, positivo y rodeado de tanta gente, mi vida hasta hace un tiempo, ha sido muy solitaria e incomprendida.  No cualquiera tiene la disponibilidad de escuchar para entender y se burlan, enjuician o simplemente interpretan lo que quieren, dándonos una sensación de problema aún mayor que la inicial. 

Al nacer mis hermanos gemelos, conocí de golpe el abandono y la soledad (También la generosidad y mi capacidad de amar se multiplicó, pero hoy te quiero hablar puntual de ese dolor).  Mis papás se dedicaron a los niños y yo para no molestar, ni ser una carga extra, decidí hacerme invisible.  No quería dar problemas y por el contrario, crecí queriendo ser siempre, una solución para los demás, un punto de unión familiar.  Tengo una muñeca que me acompaña desde que cumplí 4 años de edad, a quien en los momentos de mayor tristeza, recurría para abrazar y morder sus dedos, calmando así mi dolor sin que me escucharan llorar.  Luego de adolescente, mi desahogo fue abrazada a mi almohada y posteriormente un lápiz y un papel que se convirtieron en cartas y cuentos que nunca llegaron a destino, pero que me permitieron cambiar los sucesos, crear nuevas realidades y drenar mi soledad.

Así me fui construyendo y plantando ante el mundo real.  Parejas, amigos, concursos, trabajos y todo tipo de relaciones humanas, donde no me vieron, a pesar de los grandes esfuerzos que hice por agradarles.  En secreto esperaba que me vieran y se animaran a ayudarme, elegirme o agradecerme.  Grave error, pues vivimos en una sociedad egoísta donde el que no llora, no mama y muy pocos observan las pequeñeces de las grandes personas.  Me equivoqué una y otra vez.  Pasé a llevar hasta mi dignidad, dándole mayor importancia a otros que a mí misma.  Me importaba mucho el reconocimiento y la validación de otros, ignorando mi propia opinión.  Hasta que un día, con los proyectos de vida literalmente derrumbados y sin tener más que perder, decidí por amor a mí misma y lealtad a mis hijas, escribir una nueva historia donde yo era la protagonista, sacando fuerzas de flaquezas y rebelándome primero ante mí misma y luego ante los demás (aunque no lo notaran).  Comencé a sacar mi propia voz para defender lo que merezco y despojarme de creencias absurdas que me alejaban de ser simple y libremente yo.  

El dejar de hacer lo políticamente correcto que indica la sociedad, trae sus consecuencias y sus regalías.  El estar sola por opción, por tanto tiempo, ha sido hasta mal visto por los más cercanos, que no comprenden que me estoy moviendo por amor propio y no por darle en el gusto a los demás, por ejemplo.  He sido acosada por oportunistas que han visto mi soledad como una puerta de entrada fácil y al chocar con el portón blindado no han tenido más remedio que dar pie atrás.  Me he endurecido buscando el bienestar superior de mi familia, como la jefa de hogar que soy, defendiendo mi espacio y creencias con uñas y dientes.  Por su parte, he disfrutado con todo a mis hijas,  regalándoles una infancia feliz y llena de amor, hacer fiestas de pijama, dormir hasta tarde y reír a carcajadas con cosas simples y absurdas.  Me he permitido estudiar y tranquilamente viajar por Latinoamérica sola y con mis hijas, aprendiendo de los grandes sin que nadie me cele, cuestione o limite económicamente.  Mis decisiones dependen de mi.

En medio del desafiante camino que elegí recorrer y de un modo inexplicablemente loco apareciste como un ángel o diablillo, en el momento preciso, moviéndome el piso y mostrándome que más especies raras como yo, existían.  Tú si me viste, con tu ojo de fotógrafo.  Decidiste quedarte a mi lado (al modo nuestro) y te has convertido en un gran amigo generoso, que sin pedir nada a cambio, ha tomado mi mano y me ha impulsado a usar mi voz, crecer y volar, trepada en un tubo y mucho más.

De corazón te invité a participar de este proyecto de escritores, no estabas convencido, pero entraste igual y ahora me atrevo a decirte ¡Quédate! que estamos aprendiendo de los grandes y con los grandes.  Vamos en el mismo camino de aprendizaje y desarrollo, quizás en ritmos y senderos distintos, pero la fuerza divina que nos une, lo hará cada vez que sea pertinente y a su modo.  Tenemos mucho para brindar a la humanidad.  Anímate, podemos ser como Pincky y cerebro.  Estoy segura que si unimos fuerzas, con tus ojos, mis orejas, nuestras voces y manos, podemos hacer el camino más entretenido, productivo y trascendental.

Gracias por permanecer hasta aquí, darme la confianza para entre otras libertades, exprimir el corazón y ayudarme a brindarle más espacio a la esperanza.  Te puedes quedar acá cuanto quieras, un placer refugiarme en tus brazos y sintonizar con tus latidos, más allá de la presencia o ausencia.

Tu Pao.

plizama.coach
Author: plizama.coach

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Esta entrada tiene 2 comentarios

  1. romina

    Falta enfocarse en el PG. Qué te piden escribir. Lo demás sobra aunque esté bien escrito.

  2. marcelo

    Mi Pao… siempre que te leo, me dejas sin palabras…
    Has descrito tan bien todo lo que hemos vivido y en nuestros códigos nos has descrito con una profundidad taxonómica.
    Me encantas, eres una mujer de tomo y lomo, de pluma y puño.

    Tu Marce.

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