Reto 4. ¿Y los bolillos?

Llegamos a la escuela al concurso de talentos; era maravilloso ver una concentración de los más destacados de sus escuelas y mejor aún que habían escogido como sede al plantel de la capital del estado. Una escuela amplia cuyo patio rodeado de frondosos árboles albergaban las mesas y sillas dispuestas para recibirnos con un rico desayuno.

Pasamos a degustar los alimentos y al término, Rita una de nuestras compañeras pidió permiso al profe de ir al sanitario, quien a su vez le recordó apresurarse pues no quería que llegara tarde a su compromiso. A unos instantes de que Rita se fuera, Ramiro tuvo la idea de que pusiéramos los bolillos sobrantes del desayuno dentro de la mochila de Rita; en medio de risas y con la complicidad del profesor “atascamos” la mochila con los bolillos que habían quedado en la mesa. Llego Rita y todos con la seriedad de que no había pasado algo importante nos repartimos a las diferentes aulas a presentar los exámenes de concurso.

Al término de las evaluaciones nos fuimos concentrando con el profesor siendo Rita una de las últimas en llegar con una sonrisa en el rostro de “me las van a pagar” diciendo “Se paaasan, estaba en el examen y pedí permiso para sacar una hoja y cuando el profesor accedió, abrí la mochila y ¡botaron los bolillos a todas partes!, me puse roja y con mucha pena saqué la hoja que necesitaba a la vez que recogí los bolillos para regresarlos a la mochila”. Mientras platicaba, no parábamos de reír de su infortunio.

Pasaron varios minutos y vimos que prepararon las mesas para la comida y antes de pasar a ocupar nuestros lugares uno de los organizadores nos detuvo diciendo “Ustedes son de la prepa Miguel Hidalgo, ¿cierto?” a lo que el profesor afirmó y el organizador replicó diciendo: “no pueden pasar, su institución vendrá por ustedes para llevarlos a comer”. Su respuesta nos dejó atónitos y nos quedamos en la entrada de la escuela cual perros callejeros esperando alguien se compadeciera de ellos esperando una migaja. De pronto Rita exclamó ¡Yo traigo bolillos! Entre risas y alegría extrajimos los panes y partiéndolos nos los repartimos para saciar nuestra incipiente hambre. ¡Lo que inició como una broma fue nuestra salvación para el hambre de la tarde!

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Esta entrada tiene 2 comentarios

  1. romina

    La anécdota está bien seleccionada, pero nos falta conexión, al ser el momento más gracioso uno en el que el narrador no está presente, necesitas una mayor descripción, para poder dibujar la ridícula escena y así contagiar el humor.

  2. Me reí bastante con tu anécdota. Definitivamente ¡lograste el objetivo! Gracias por compartirla.

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