Reto 4 Un día inesperado

Un día común de clases en la secundaria que se suponía normal, todos en su mundo, con su grupo de amigos, con poca interacción entre los demás compañeros. Era la hora de receso las 4.48 de la tarde a 2 minutos de la entrada a retomar las clases, yo me encontraba con mi grupo de amigas nos dirigíamos al segundo nivel que se encuentra en el edificio al lado de la entrada principal de la escuela, nos sorprendimos cuando al entrar al salón había un par de compañeras con una bocina negra escuchando las que llamábamos “música depresiva” por el simple hecho de hablar de amores rotos, y vamos, ¿Quién no ha sufrido un amor no correspondido en plena adolescencia? así que sin más el grupo de tres chicas que me rodeaban, se unieron a cantar con ellas las canciones mientras seguían llegando más compañeros al salón, algunos se sentaron en sus pupitres y otros se unían al coro y pensé y ¿porque no unirme yo?, solo serían unos minutos, en lo que llegaba la profesora de química para darnos clase y volver a lo cotidiano.

Pero algunos compañeros después de esperar un rato, consideraban que ya no iba a venir la maestra,  por lo que  decidieron hablarle para saber si asistiría, para asegurarse  decidieron quitarse de duda, como era de esperarse la maestra confirmó que no llegaría aunque eso no significaba que no dejaría trabajo, no obstante mis compañeros no se quedarían callados, ellos querían divertirse, ¿Serian dos horas sin hacer nada o solo aburridos trabajos?, claro que no¡¡ así que pusieron la conversación en altavoz para que la pudiéramos persuadir, no nos dejara trabajo y escuchar un poco más de música, tardamos unos minutos hasta que la profesora que era muy amable accedió.

Con ese permiso en nuestras manos, compañeros comenzaron a poner las butacas en las orillas del salón mientras las chicas agradecíamos a la maestra y en seguida empezaron a subir la música de volumen, se empezó a escuchar esa canción famosa ochentera llamada “ahora te puedes marchar” de Luis Miguel aunque no era de nuestros tiempos nos la sabíamos y empezamos a cantar a todo pulmón y con pasión “… SI NO SUPISTE AMAR… AHORA TE PUEDES MARCHAR…  y ya entrados en la bulla las cosas empezaron a cambiar, de repente ya se había convertido en una pista de baile pues algunos compañeros se fueron al centro del salón, mientras los demás nos sentamos en la sillas para observar, pusieron una canción popular esa que se baila en las bodas  la víbora de la mar” de esta manera dos amigos se tomaron de las manos haciendo un arco mientras los demás pasaban  por debajo tomados de la mano y corriendo alrededor del salón, como no eran muchos, tomaron las manos de los que nos encontrábamos sentados para hacer más grande la cadena, aumentando la velocidad hasta que algunos salían desprendidos por tanta velocidad, así concluyó la primera canción y otras  dos canciones que siguieron “El guajolote  y “El caballo del rodeo” ,  hasta que justo cuando iniciaba otra pista llego el prefecto a nuestro salón –un tipo alto, moreno, malencarado y que siempre cumplía su trabajo de tratar de mantener el orden en la escuela – cual lucia enojado  por lo ocurrido, quitándonos la bocina mientras preguntaba de quien era, pero extrañamente nadie lo sabía, así que sin más, se dirigió a la salida sin antes decir que de quien fuera esa bocina tendría que ir a su oficina para recuperarla y que los demás nos pusiéramos a escombrar el salón o nos pusiéramos a estudiar, aunque eso ya no sería de mucha utilidad, ya que solo faltaban unos minutos para que acabaran los módulos de la clase de la maestra ausente. Nos pusimos a ordenar el salón mientras nos preguntábamos de quien era la bocina, pensamos que era de las chicas que ya se encontraban ahí,  pero tal fue la sorpresa que nos llevamos, a los comentarios de ellas de que cuando llegaron la bocina ya estaba ahí, y nos quedamos sorprendidos.

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anyvillafan15
Author: anyvillafan15

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