Reto #4: Un destello.

Fue una decisión inteligente sentarme junto a la ventana, pues el olor a plumón nuevo emanaba de su escritura para recorrer todo el salón de clases. La maestra no paraba de escribir. Una tarea tras otra. Sin cansancio. Era la segunda semana en mi último año de secundaria y por un momento, sentí la necesidad de salir de ahí. Pero claro, era imposible.

La materia se llamaba Lectura y redacción. Me hacía temblar, pues significaba tomar libros de la biblioteca cada semana, y eso me provocaba pereza. Aunque la maestra se hubiera asegurado de que los libros alcanzaban para todos, me las ingenié para inventar que los ejemplares se habían terminado. Mala mía cuando lo intenté, pues casi por completar mi plan, la maestra se acercó a mí. No me fue posible escapar. Me tumbó uno de sus libros del estante sobre el pupitre, diferente al que mis compañeros. Ya no había excusas. Tenía que leer.

Más por la necesidad de no repetir materia que por ganas de leer, recuerdo que, al llegar a mi casa, me acosté sobre el sillón y comencé. No me contuve, ya no podía parar. No me malinterpretes. En realidad, cada segundo que pasaba recorriendo las páginas de ese libro, aumentaban mis ganas de leer. Fue un destello sin espera, de esa luz brillante que me hizo abrir los ojos ante la inmensidad de las palabras. Un llamado a mi destino. Y un regalo a mi imaginación.

Ese libro era para mí. Pasé de evitar una lectura, a evitar que nunca falte qué leer. ¿Quién lo diría?

Por Julio César Jaime Acosta

julycesar1999
Author: julycesar1999

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