Reto 4. Solo las patitas

Mi curso era el más maravilloso.  Había personajes para todos los gustos.  Éramos muy unidos y nuestra maestra era nuestra segunda madre.  Fuimos muy felices esos dos años que estuvimos juntos. 

A nuestros 12 años de edad, nadie nos quería, ni comprendía, pero ella a pesar de las quejas constantes de los otros docentes, parecía disfrutar con cada una de nuestras aventuras y nos defendía como una leona a sus cachorros.  Se esforzaba por hacernos amar el aprendizaje y también por hacer de nosotros mejores personas.

Recuerdo con mucha alegría aquel día en que visitamos el Bosque Nativo de la Universidad de Playa Ancha en Valparaíso, fue una clase de Ciencias Naturales al aire libre y con científicos de verdad.  El viaje estuvo lleno de risas desde el principio, los apoderados que nos acompañaron, para cuidarnos, se lucieron contándonos chistes, creo que eran más desordenados ellos, que nosotros. 

Subimos y bajamos cerros y quebradas buscando cocodrilos y animales inexistentes en la zona.  Bien poco escuchamos de la clase en terreno.  Visitamos por primera vez una universidad, era un edificio grande, lleno de jóvenes extraños, con el pelo de colores y aros por todos lados.  Fuimos a comer completos con papas fritas y para finalizar, nuestra profesora nos invitó a pasear a la playa.  El compromiso era “mojarnos solo las patitas”, pues no íbamos preparados para bañarnos en el mar y si las autoridades del colegio llegaban a saber que nos habíamos desviado de la ruta indicada para trabajar, iban a sancionar a nuestra profe.

En cuanto el bus se detuvo cerca de la playa, nos bajamos corriendo, no escuchamos las instrucciones de los adultos, que no tuvieron más remedio que correr tras nosotros, gritábamos de la risa que nos provocaba esta situación, la playa era solo para nosotros, por lo que a medida que nos acercábamos nos íbamos sacando las prendas de vestir.  Como agradecimiento por aquél mágico momento facilitado y como si nos hubiéramos puesto de acuerdo, en cuanto llegó a la orilla nuestra maestra nos unimos en un solo abrazo, mirando al horizonte.  La tranquilidad de ese abrazo, nos duró el clic que se demora en capturar una imagen, pues la guerra de agua que se vino de inmediato fue lo mejor que vivimos como compañeros en todos nuestros años de escuela.  Jugamos y reímos a carcajadas, sin importar que nos retaran, ni en una posible enfermedad por tener que quedarnos con la ropa estilando y llenos de arena.

Al subirnos al bus disimulamos muy bien la aventura vivida y al llegar de vuelta al colegio, también.  Nuestros padres no supieron lo que hicimos hasta el día de nuestra licenciatura, en que observaron un hermoso vídeo con todo lo que no se vio de nuestras clases, pero que estaba atesorado en lo mas profundo en nuestros corazones para revivirlo cuantas veces quisiéramos.

plizama.coach
Author: plizama.coach

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Esta entrada tiene 3 comentarios

  1. katimav

    Que bonito, me sacó una sonrisa. Gracias por compartir 🙂

  2. romina

    Hubiera preferido que te centraras en la visita a la playa. EN dibujar las emociones, aquella primera mirada del lugar, de la complicidad de escaparse de la ruta asignada… para poder así entender la magnitud de ese “mojarse las patitas”

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