Reto 4. “Mi gran amor”

“Mi gran amor”

La escuela secundaria es el lugar en donde florece el primer amor, la locura ferviente de un ensueño tierno y explosivo que habremos de recordar por el resto de nuestra existencia cuerda. Era una mañana lluviosa del mes de Septiembre, llegó a las 06:50 a.m. y cruzó el pórtico escolar, llevaba un jumper celeste que cubría según la norma de la dirección cuatro dedos debajo de las rodillas, usaba unas medias blancas y unos zapatos negros de cintas, tenía una coleta bien alta, peinada a conciencia, restirada, las puntas le caían a media espalda dejando entrever un listón blanco entre la espesura de su cabellera castaña. A la espalda llevaba su mochila pesada de libros y cuadernos, en la mano derecha una bolsa con tacos de harina envueltos en papel de estaño y colgando del hombro izquierdo una guitarra bien resguardada, forrada por un estuche que protegía más que un instrumento de música y más bien una ilusión de una niña soñadora y perdidamente enamorada.

Pasó por la biblioteca que se veía iluminada solo sobre el escritorio principal, señal de que la bibliotecaria apenas iniciaba su día. Se detuvo en la escalinata entre final del recinto de los libros y el inicio del camino hacia los salones. Miró desde ahí el cielo y parecía que nunca dejaría de llover, se caía a pedazos cuando las nubes colisionaban y producían un trueno tras otro, gotas de lluvia gruesas se anegaban al final de los escalones y más allá en el trayecto de las jardineras. El tiempo corría aprisa y ella no tenía un paraguas. Tomó una decisión rápida, quizás llegaría bajo el techo del aula a la velocidad con que su pensamiento había trazado el plan. Descendió a brinquitos con las puntas de sus zapatos para no verse inmiscuidos los pies en los charcos y casi llegó al final cuando más rápido que su pensamiento se vio en el suelo sentada entre la corriente del agua. Había olvidado que antes de correr en el concreto, habría de encontrar un desnivel de tierra. Su jumper estaba empapado, su almuerzo estaba perdido, pero su guitarra estaba a salvo, mantenida en lo alto, ni un rasguño en su delicado cuerpo, pues el estuche rígido era afortunadamente impermeable, suspiró, sintió alivio, pero esta sensación cambió en un instante pues al levantar su mirada su corazón entonó la melodía desenfrenada. La mano de su superior se extendió hacia ella y sobre ambos se encontraba un paraguas. La ayudó a ponerse de pie, ella estaba sonrojada, el muchacho cargó la mochila y también la guitarra. La acompañó caballeroso al aula y le guiñó un ojo mientras le avisaba que la vería en la rondalla.

Los compañeros del salón estallaron en bullas y también carcajadas al mirar su uniforme enlodado, pero más para hacer alarde del romance secreto a gritos de una chica de segundo año de secundaria. Se sentó en su pupitre avergonzada, manteniendo la rojez en sus mejillas, las manos en el regazo y la boca bien apretada. Miró a través de la ventana y entonces en su oído el barullo del grupo cesó porque en el salón de enfrente se encontraba su superior. De camisa y pantalón caqui, gallardo, elegante y concentrado, sus ojos negros solo miraban con amor a su instrumento y con sus largos dedos acariciaba sus cuerdas y emanaba de la caja de su guitarra, música del cielo que su voz grave de niño de secundaria acompañaba, con el romance en sus poros y el sentimiento en la mirada.

Detrás del cristal, con el corazón en la garganta, ahí se encontraba ella, fría atónita y locamente embelesada, escuchando de su admirado una canción de Artturo Maya:

“Esa ternura, esos besos
son cada parte ya de mí
es que ya no puedo arrancarte,
sin ti ya no puedo vivir
Mi gran amor”. 

Katia Mava

katimav
Author: katimav

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Esta entrada tiene 10 comentarios

  1. Karim

    Excelente, muy bonito, felicidades

  2. Diana

    Que lindo Katia, buen trabajo!

  3. romina

    Muy bien escrito. Solo revisa que por momentos está algo enredada la redacción.

  4. Edgardo Alejandro

    Excelente orden de las palabras, en varios momentos me sentí en la mente de esa niña 😮, sigue redactando así, me encanto, así como todo lo que has escrito

  5. alkysirez

    Me vi sentado en una esquina viendo todo lo sucedido. ¡Felicdades!
    Me gustó.

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