Reto 4. Lección aprendida

Cursaba el segundo grado de primaria, en los años noventa. Era la hora del recreo. Todos corrían de aquí para allá mientras mis amiguitas y yo armábamos un plan para que lograra besar al niño que me gustaba. Lo atraparíamos al final del pasillo, ellas le sujetarían los brazos y allí entraba yo para darle ese beso que tanto soñaba. 

 

Justo así sucedió. Sólo que la reacción del niño, de cabellos rubios, fue de terror. Salió corriendo despavorido a contarle a la maestra que unas niñas lo habían acosado, tomándolo a la fuerza para ser besado por mí. 

 

La maestra se sorprendió de que protagonizara ese acto maquiavélico, en contra de mi compañero, porque era una niña tranquila y muy respetuosa.

 

Era de esperarse que citaran de inmediato a mi padre para conversar sobre lo ocurrido y, a la vez, comprometerse en tomar medidas correctivas para mí. 

 

Al llegar a casa enfrenté la indignación de mi padre con resignación. Me basta con resumirles, que ese día, aprendí la lección más grande de mi vida escolar: a la escuela se va sólo a estudiar, no más. 

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Esta entrada tiene 2 comentarios

  1. romina

    La anécdota elegida está muy bien, pero olvidaste a tu lector, no utilizas imágenes sensitivas, que permitan conectar con la historia.

  2. Gracias Romina. La verdad aún no encuentro el equilibrio. Estoy en eso. A veces me comentas que abuso en descripciones y ahora que me faltan jajaja. Seguimos. Un abrazo

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