RETO # 4 La coreografía.

 ¿Cuantas cosas están prohibidas en un colegio de monja? No lo sé, Pero muchas veces parecía que hasta respirar, eso hacía más emocionante cuando nuestra maestra salía del salón, nuestros ojos brillaban, contábamos sus pasos hasta que llegaba a las gradas, donde sabíamos que no nos escucharía más, contando a partir de allí, nos quedaban como diez minutos mientras ella iba a la dirección y volvía, así que los disfrutábamos al máximo, algunas jugaban al tiburón: tres personas arribas de un muro sacando el pie y el resto abajo esperando atrapar alguna de ellas y tirarla sin compasión “al mar”, otras más aburridas jugaban Jack en el pasillo… Y nos encontrábamos nosotras, arriba del escritorio de la maestra liderando un grupo de chicas que estaban abajo en el lugar de exposiciones, haciendo la coreografía de nuestra novela favorita, recuerdo en una ocasión la persona encargada de avisar cuando viniera la maestra, se había ido al baño.

Justo ese día que por fin nos salían los pasos casi perfectos, mientras cantábamos: uuuuuh baby no puedo esconderlo, siento en todo el cuerpo, la locura de tu amor” escuchamos a lo lejos un grito, anunciando que estaba cerca la persona menos deseada en ese momento, corrimos acomodar los pupitres, a limpiar el desastre que teníamos, a recoger las mochilas y a continuar “haciendo la tarea” como buenas niñas, pero para nuestro asombro, mi falda se había quedado atrapada al escritorio, todas sabían que yo no era buena mintiendo, me ayudaron a soltarme y nada… hasta que la vimos parada justo en la puerta, todas bien sudadas y con los pómulos rojos los cuales nos delatarían de que sentadas no habíamos estado, solo sentí un reglazo en mis piernas y mis compañeras también, pero, para nuestra fortuna solo quedaban dos minutos para salir e irnos a nuestras casas, mientras nos íbamos en silencio por el pasillo, con caras de complicidad, llegamos al patio a tirarnos en carcajadas. Algunas angustiadas, nerviosas mirando mi pierna enrojecida, otras terminando de meterse la camisa, los calcetines, acomodándose el cabello. Aquello era un desastre, salimos de aquel colegio que nos había regalado nuestros mejores recuerdos de nuestra infancia, con un plan bien organizado, para la próxima vez que nuestra querida maestra se volviera ausentar.

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Esta entrada tiene 4 comentarios

  1. romina

    La anécdota es buen, pero falta organización en las ideas, por ello se siente algo confusa la narración desde el momento en que se atrapa la falda. ¡Y no olvides la conexión!

  2. Me has hecho recordar esos momentos de breves respiros, llenos de travesuras, cuando salían los maestros del salón.

  3. Muchas gracias por sus comentarios!
    trataré de mejorar para la próxima Romina, tu tiempo es valioso y para mi es ganancia lo me dices para corregir.
    Bendiciones!

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