Reto 4: Hermosa sorpresa

Era un 21 de marzo, miércoles. Mi cumpleaños.

Cuando llegué a la escuela aún estaba oscuro y hacía un poco de frío. Caminé hacia mi salón, aún teniendo la duda de si lo que había elegido para ponerme estaba bien… Entonces entré, y al instante pude percibir algunas miradas de curiosidad, las cuales comprendí cuando estuve frente a  mi butaca y observé lo que estaba allí: Un obsequio de forma rectangular, con una envoltura de color verde y rojo, y un pequeño moño adornandolo en el extremo izquierdo. Lo levanté entre mis manos, y justo cuando iba a abrirlo entró mi profesor. Los curiosos rostros dirigieron la mirada hacia el frente, y la clase inició. Transcurrió otro módulo hasta que llegó la hora de descanso y, a pesar de que sentía demasiado interés por abrir la envoltura, decidí salir al baño e ir a comprar algo de comer.

Cuando iba de regreso al salón, a lo lejos pude volver a distinguir las mismas miradas que me abordaron en la mañana, y entendí la razón cuando entré…

Sobre la paleta de mi pupitre se hallaban tres frescos alcatraces de color rosa, una nueva caja envuelta de color plateado con un moño azul y una bolsa grande de cartón con la leyenda: “Happy Birthday”. Mi sorpresa incrementó cuando al voltearme pude verlo: Estaba ahí parado, con un ukulele en las manos y comenzaba a tocar “Las mañanitas”. Llevé mis manos hacia mi semblante y cubrí mi boca, al tiempo que él avanzaba hacia mí, y pedía a todo mi grupo que lo ayudara a cantar. Me tomó por la cintura y depositó un dulce y tierno beso en mis labios.

No podía creerlo, todo parecía como si lo hubiesen sacado de una de esas películas románticas donde la chica no reprime las ganas de llorar de felicidad.

Al terminar la canción, corrí hasta él para abrazarlo, y cuando entre sus manos tomó mi rostro para besarme, todos aplaudieron al unísono.

Cogió mi mano y me llevó hasta mi asiento para pedirme que abriera aquellas envolturas misteriosas.

Desenvolví primero la de papel verde con rojo, y el volumen de mi grito casi rompe los cristales cuando descubrí que era el CCS de Carlos Cuauhtémoc Sánchez que recientemente había salido. Me volteé hacia él, y volví a abrazarlo y llenarlo de besos.

El siguiente obsequio era la caja plateada, de la cual desprendí cuidadosamente el papel que la envolvía, y descubrí un dinosaurio, que al armarlo podía caminar y rugir. Me encantaban aquellas criaturas, y por eso brinqué de alegría, cual niño en una juguetería.

El receso había terminado, así que me dió un abrazo aún más fuerte, un beso en la frente y me susurró al oído: Te amo, feliz cumpleaños, luces hermosa. Me dirigió una sonrisa y se fue a su salón.

Me quedé con el corazón acelerado, la sonrisa en los labios, segura de mí misma y con los ojos y el alma llenos de  ilusión.

                                                                     Adri Flores

vic21spring
Author: vic21spring

0

Esta entrada tiene un comentario

  1. romina

    La anécdota está muy bien, pero no olvides a tu lector, necesitas conectar con imágenes sensitivas. Lee tu texto, en la redacción hay algunos errores que hacen más lenta la lectura.

Deja una respuesta

12 + 17 =