Reto 4. Género y categoría: La chica con ojos de fuego.

Era mi primera semana en el turno matutino. Comenzaba el segundo semestre de bachillerato y no tenía amigos. Me costaba demasiado entablar comunicación con personas que no conocía y, aparte, a los pocos que intentaban socializar conmigo, los evadía. Creía que había sido un error marcharme de las clases vespertinas, pero, un día, mientras vagaba por los pasillos de la escuela, todo cambió…

Ante mis ojos, caminaba la mujer más hermosa que jamás había tenido la oportunidad de admirar: de casi un metro con setenta centímetros de estatura, tez blanca, con una cascada oscura como cabellera y sobre todo, un par de ojos de fuego que, sin quererlo, me incineraron. En ese momento, y siendo fiel creyente de que todo ocurre por algo, encontré el motivo para ir al colegio a diario.

Busqué por días la manera de poder acercarme a esa chica, hasta que, desesperado, y en medio de la algarabía del receso, caminé hasta ella. La saludé con voz titubeante y alzó la vista. El mirarla comiendo un helado de guayaba me imposibilitó para continuar hablando. Entonces, un grupo de muchachos que pasaba tras de mí, por accidente o por mera maldad, me empujaron hacia ella, ocasionando que nuestros suéteres azul marino se mancharan de rosado. Me disculpé. Las mejillas me ardían de vergüenza y mi piel se volvió colorada.

–No te preocupes –repuso con gentileza–. Te vi hace poco. ¿Eres nuevo?

Solo pude asentir, pues la impresión de que la chica más bonita de la escuela notara mi existencia, trabó mis labios.

–Yo también. Llegué hace poco de Aguascalientes y todavía no tengo amigas. ¿Cómo te llamas?

Tartamudeé un poco, pero al fin dije: “Emmanuel Reyes Pérez”.

–Mucho gusto –extendió su mano–. Me llamo Valeria Navarro. Deberíamos platicar más otro día. Puede que incluso me des un tour.

Tragué saliva, incrédulo. Sonó la chicharra y el murmullo aumentó. El prefecto gritaba que regresáramos a las aulas y los más rebeldes le contestaban con señas obscenas. Sin embargo, la belleza de Valeria me embelesó, me ató a ella. Y desde ese día, vivimos una historia de amor, como nunca la hubiéramos imaginado.  

emma70049
Author: emma70049

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Esta entrada tiene 4 comentarios

  1. romina

    Está bien escrito. Aunque siento, en lo particular, que no se logra lo que pedimos, cuando pensamos en una anécdota, nos referimos a un relato de un acontecimiento extraño, curioso o divertido. Pero en cuanto a redacción, muy bien.

  2. carlozmoran

    ¡NO INVENTES! Me encantó. Fue ameno, lindo y con una ternura genuina, te prometo que pude ver cada escena en mi mente. Está decidido, soy fan tuyo y de tu historia.

  3. Mi frase preferida : “El mirarla comiendo un helado de guayaba me imposibilitó para continuar hablando”. Me fascina porque así es en realidad, algo tan trivial puede dejarnos atorados en las nubes…
    Emma, felicidades y un abrazo,
    Pau.

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