RETO 4 (De Fantasmas y Otras Ánimas)

La primaria fue muy parecida para muchos de nosotros, casi todas estaban en un antiguo cementerio o tenían un túnel que los llevaba a conventos e iglesias antiguas. Al menos eso es lo que se decía de mi primaria en los libros de leyendas de Durango que cada receso o tiempo libre que tuviéramos Andrea nos leería, llenando nuestras mentes de toda clase de historias acerca de caminos secretos y ánimas que se aparecían en la noche o incluso durante el día en ciertos lugares de la escuela. Estas leyendas me aterraban, pero al mismo tiempo cautivaban mi mente al grado de quedarme a escuchar, hecho en el que no siempre tenía decisión pues nuestros pupitres estaban juntos en un rincón del salón casi olvidado, pero lleno de vida y alegre por las reuniones y ocurrencias de mis compañeros y amigos. Otro lugar habitual era debajo del escritorio de la subdirectora, misma que era abuelita de nuestra cuenta leyendas oficial. Era un espacio pequeño, común para una mesa de oficina, pero cabíamos todos debajo y podíamos comer en un ambiente tranquilo que nos permitiera escuchar la anécdota del día al comer nuestros alimentos y jugar empujándonos y riendo con nuestras bocas llenas.

Al escuchar todas esas historias y darnos cuenta de que nuestra primaria era un foco atrayendo a toda clase de espíritus y fantasmas, hicimos lo que cualquier grupo de niños haría a sus bastos seis años de vida: Formamos una Unidad de Detectives. Así es, antes de ser escritor tuve una carrera exitosa como detective paranormal enfrentando toda clase de espectros y peligros sobrenaturales.

Investigamos casos como la niña que se aparecía en el baño de damas, el diablo que bailaba en la sala de trofeos, la lápida que se aparecía en la barda de las canchas y que si te saltabas por ella llegabas a un mundo paralelo y el fantasma que deambulaba por la dirección. Buscamos el pasadizo debajo de la escuela que conectaba con antiguas iglesias y conventos de la ciudad, incluso encontramos la entrada a un calabozo secreto. Los cinco integrantes de “Los Detectives” nos enfrentamos a toda clase rumores e indagábamos a fondo cada caso. Bueno, tan a fondo como se le permite a un niño en su patio de recreo.

Al final, el baño resultó estar solo, la sala de trofeos permanecía vacía la mayor parte del año y esa lápida no era más que un pedazo de banqueta recargado a una pared. El fantasma de la dirección no era más que el reflejo de quienes pasaban y tanto el túnel como el calabozo resultaron ser solo un armario de educación física.

Nosotros le llamábamos patrullar, pero solo era el disfraz de largas caminatas que teníamos a lo largo de todo el plantel mientras hacíamos lo que cualquier niño y niña de nuestra edad haría en su sano juicio: soñar, jugar y disfrutar de su recreo. Si le preguntaras a nuestros padres o profesores, no hacíamos más que andar por ahí mientras esperábamos que nuestro descanso terminara. Si me lo preguntas a mí, te diría que cumplimos con nuestra misión de proteger la escuela, y aunque no siempre lo tenga en mente, sin lugar a dudas esa es una de las memorias que atesoro de aquellos tiempos.

 

Desde una casa embrujada investigando un nuevo caso, Carlos.

carlozmoran
Author: carlozmoran

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Esta entrada tiene 2 comentarios

  1. romina

    Tienes material para un gran cuento allí. Una anécdota es un hecho, una situación específica, y no nos narras ninguna. Lo ideal hubiera sido que te centraras en una de esas aventuras de detectives.

  2. Hey Lewis:
    Ahora entiendo de dónde surgen tantas de tus ideas actuales (para historias, cómics e ilustraciones). Debí estudiar en una escuela encantada para familiarizarme con fantasmas y las ánimas de describes XD

    Vas mejorando la estructura de tus historias, y también se reducen los errores de dedo, aunque pueden detectarse un par. Además me ha parecido un poco extenso… las anécdotas son breves y requieren de poco contexto (Sin embargo no puedo decir gran cosa, tampoco se me da escribir textos cortitos jeje).
    Un abrazo desde casa,
    Tolkien.

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