Reto #4: Al Revés.

Esta es la historia de Ale, una niña que no podía escribir. No es que no supiera o que no fuera inteligente —que vaya que lo era—, sino que no escribía “bien”. Es decir, cuando quería usar una ‘d’ en su lugar escribía una ‘b’, una ‘q’ por una ‘p’… ¡En fin! Que todo lo que Ale quería decir parecía que había pasado por un espejo y lo escribía al revés. Quizá esto no hubiese sido un verdadero problema porque ella se entendía lo suficiente, e incluso leía muy bien… Pero a veces los demás niños son crueles. 

Cuando Ale fue a la escuela por primera vez todo parecía normal. Conoció a sus compañeros y se llevaba bien con la mayoría, hasta que conoció a Paola, una niña que descubrió su problema y se burlaba de ella. Ale se sintió un poco mal al principio, pero con el paso de las semanas, las cosas se tornaron difíciles en cuanto a sus clases. Así que la niña dejó de preocuparse por Paola y comenzó a tomar lecciones en casa para corregir su problema. 

Un día Ale llegó temprano a la escuela. Lo primero que hizo fue dirigirse a una estantería que se encontraba empotrada a la pared derecha del salón, un lugar donde cada niño podía colocar sus útiles durante el día. Dejó sus cosas sobre la etiqueta que tenía su nombre y se dirigió a su lugar para leer. Poco después llegó Paola y, viendo que Ale estaba distraída, decidió jugarle una “broma”. Tomó uno de sus cuaderno, lo rayó y lo dejó en su lugar, para después dirigirse a la mesa donde Ale se encontraba, pues ambas niñas se sentaban en la misma mesa. 

El resto del día transcurrió con normalidad hasta la clase de inglés. Ale se ponía muy nerviosa porque esta clase en especial le resultaba muy difícil de entender. Y empeoró su sentir cuando al ir por su cuaderno miró lo que le habían hecho. 

Angustiada, la niña se acercó a su profesora e intentó decirle lo que había ocurrido, pero no contaba con que ese día la Srta. Dulce no estaba de humor, así que no la escuchó. En su lugar, simplemente ordenó que Paola se acercara también e intercambiara su cuaderno con ella para el resto de la clase. Las niñas, horrorizadas, intentaron replicar alegando sobre lo injusto que era, pero la profesora dio por zanjado el asunto diciendo que a veces las cosas no son justas y las mandó a sentar. Al cabo de un rato, Ale había olvidado el asunto por completo cuando la clase avanzó y se dio cuenta de que esta vez no entendía nada en absoluto. Tenían que usar colores, escribir nombres, unir puntos y esas cosas, pero ella apenas se enteraba de lo que escribía. Realmente preocupada hacía lo que podía, pero ya para terminar sabía que de todas formas estaría mal y se rindió. 

Al final de la clase la profesora ordenó que llevasen los cuadernos para calificar y conforme les daba la nota podrían salir a jugar. Paola se regodeaba en su asiento mientras Ale sólo quería que todo terminara, cuando de pronto la profesora anunció que Ale había hecho un excelente trabajo y podría salir a jugar. Paola abrió los ojos completamente atónita. Y peor aún, se quedó sin palabras cuando al mencionarla, la profesora la reprendió por el trabajo que “ella” había realizado y que lo tendría que repetir. Inmediatamente Paola quiso explicar el error, pero la profesora aún seguía sin querer escuchar y no le permitió salir hasta que volviese a hacer el ejercicio. Ale no dijo nada en absoluto y salió con el resto de sus compañeros, sin poder evitar sonreír por completo. Vaya que había aprendido la lección: “A veces las cosas no son justas”. 

[Escrito por Karly Nyves] 

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Author: nyves21

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Esta entrada tiene un comentario

  1. emma70049

    Siento que das muchas vueltas para llegar al clímax de tu anécdota. Además, en la parte donde dices que estaban en la misma mesa, repites dos veces esa palabra. Cuidado. Y tienes algunos errores de dedo…
    Saludos 🙂

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