RETO 4. A MI HERMANA.

Hola, te voy a contar algo que me ocurrió cuando era niña. Yo vivo en el campo y la ciudad se encuentra a tan solo 10 minutos (si vas en coche), ahora imagina ¿Cuánto te tardarías en ir caminando, si tan solo tienes 8 años?

Aquí en mi pueblo también había una escuela, pero cuando cumplí 8 años mis padres decidieron que sería bueno que estudie en una escuela pagada en el centro de la ciudad.

El dato más importante es que en aquellos tiempos no había transporte para mi pueblo, así que quienes querían salir a la ciudad lo hacían caminando o en sus carros propios.

Tengo una hermana, en aquel entonces yo tenía ocho años y estaba por cumplir los once.  Con 8 años aún eres una niña despistada, con 11 años ya sabes bien por donde caminas.

Todas las mañanas al despertar mi madre nos preparaba para ir a la escuela y se iba a su trabajo antes de que nosotras salgamos para la escuela.  No importaba lo bien que nos peinaba mamá, ella y yo siempre llegábamos cansadas, asustadas, atrasadas (a veces ) y despeinadas  (casi siempre).

Recuerdo que muchas veces a mitad del camino yo empezaba a llorar, estaba casada o mi mochila pesaba mucho y yo sentía que no podía con ella.

Hoy sé, cuanto me amaba mi hermana, porque siempre tuvo paciencia conmigo, a veces cargaba ambas mochilas, a veces las intercambiada  (solamente si el peso de la suya era menor).

En cierta ocasión supongo que se nos hizo más tarde que de costumbre, como a medio camino escuchamos el eco de la sirena indicando el ingreso de los estudiantes, ambas no miramos y echamos a correr, al cabo de un rato yo no podía más, estaba muy agitada y no quería continuar.

Una vez más ella, intercambio nuestras mochilas y aligeramos el paso, llegamos corriendo y un tanto atrasadas, al entrar a la escuela, tantas eran nuestras prisas que ni siquiera nos dijimos adiós, yo fui trotando a mi salón en la planta alta y ella fué directo al suyo en la planta baja.   

Mi maestro estaba furioso al mirarme de pie junto a la puerta, solamente me hizo un gesto para indicarme que podía ingresar y tomar asiento en mi lugar, me senté, abrí mi mochila y al hacerlo me di cuenta que aquella mochila NO era la mía; sin pensarlo dos veces salí disparada en busca de mis útiles, en mi cara se dibujó una gran sonrisa cuando a mitad de las escaleras me encontré con  ella, mi hermana que venía también más rápida que una bala en busca de sus útiles escolares.

Te amo hermana.

 

 

 

 

 

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eve_yalina
Author: eve_yalina

Esta entrada tiene un comentario

  1. Siento que le hace falta corrección… Hay palabras en las que el verbo va implícito, por ejemplo: “Vivo”, el “yo” ya va dentro. Y creo que sobra el párrafo en el que dices que quieres mucho a tu hermana… Porque ahí ya no cuentas la anécdota…
    Saludos 🙂

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