Reto #4

Cómo no olvidar las tardes de estudio en la secundaria. En los alrededores de la institución se apreciaba y sentia el cálido aroma de los árboles donde todos nosotros nos hubiese gustado que allí fuese nuestro salón de clase donde los árboles nos cubren de la fuerza del sol y los pájaros cantando su dulce melodía.

Tocó la campana, todos a sus salones respectivos. Íbamos en cuarto de secundaria, por la puerta ingreso al salón un tipo con un maletin marron, era delgado y muy alto con una boina en la cabeza ocultando los pocos cabellos que le quedaban.

Dictó el curso, matematicas, justo lo que a la mayoría detestaba. Cada clase se tomaba una evaluación (examen), el profesor Meneses organizo tres filas entre hombres y mujeres, empezó la evaluación, todos murmuraban que el examen era diferente para cada uno, no lo podíamos creer. Era muy astuto. Así nadie tendría probabilidades de copiarse.

Sonó nuevamente la campanita, nadie salió al receso, todos preocupados preguntándonos el uno a los otros, ¿respondiste todo? ¿cómo te fue?, una sinfín de interrogantes por el nuevo docente.

Días después ingreso nuevamente el hombre de boina gris, llamó nombre por nombre. Terminó de entregar los exámenes. Se posicionó al frente hizo una quién subida y bajada de lentes y nos dio una reprendida… de esos que ni tus padres te daban. Todos jalados, en ese entonces sentimos el verdadero terror.

Un mes de ardua disciplina en la materia. Increíblemente nos volvimos más responsables en los trabajos escolares y en otros ámbitos. Los cuadernos, los folderes, las tareas, tenían que tener presencia (decorados, buena caligraria, limpios) 

Con el tiempo nos íbamos dando cuenta la calidad de profesionalismo en nuestro profesor, de su buena enseñanza, sus reproches cuando nos salía mal el ejercicio, porque justamente era lo que él buscaba. Que nos equivocaramos. Que no íbamos a resolver un problema en el primer intento que sólo la perseverancia y la buena actitud nos llevaría muy lejos.

A mitad de año el profesor Meneses dejó de asistir al salón de clases y no sólo eso… sino a la misma institución ¿que había pasado? ¿porque se fue? nos enteramos que su contrato ya había caducado, que estaba en otra institución educando a sus nuevos alumnos.

A las pocas semanas nos trajeron a un nuevo docente pero ya nada era igual, el trato que nos ofreció no se comparaba con nadie.

En el salón todos lo extrañábamos, sus hábitos de enseñanza ya habitaban en nosotros. A fin de cuentas el hábito de copiar ya no era un problema porque fuimos educados por el profesor de la boina gris.

 

Fran Fernández

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Esta entrada tiene un comentario

  1. romina

    Fran,
    una anécdota es un hecho, una situación, un momento, algo que ocurre… ¿Crees que tu texto dibuja una sonrisa al lector? no me refiero a la forma de escribir sino al PG que teníamos.

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