Reto 4

Recuerdo bien aquel día, era un 14 de febrero y yo cursaba el segundo grado de la secundaria, eran las 7 de la mañana y el aire corría fuerte. Yo estaba adentro del que era mi salón de clases desde el cual se podía ver el patio y las áreas verdes de la escuela, ese día yo me sentía muy triste porque mi novio Jorge vivía lejos y nos era imposible vernos para poder compartir ese día tan especial. Me recosté sobre mi banca y a los pocos minutos sentí un beso en la frente, alcé la mirada y vi que era mi amigo Diego que estaba parado frente a mí con su sonrisa divina, su uniforme y cálida mirada, pude notar que en sus manos tenía tres rosas rojas, acercándose a mí un poco más me dijo que había llevado esas flores para cada una de sus mejores amigas, me dijo que yo era una de ellas al mismo tiempo que me daba la flor y un fuerte abrazo lo cual me hizo inmensamente feliz, casi al instante llego al salón mi amiga Lola, siempre tan escandalosa y alegre, llegó con un  globo en forma de vaca para mí, en ese momento pude sentir el amor que los amigos pueden llegar a hacernos sentir. Yo siempre he sido muy abierta con ellos y les conté que no iba a poder ver a Jorge, entonces ellos tan locos y bromistas como siempre, tuvieron la idea de hacer un acta de matrimonio para Jorge y para mí, claro que yo me emocioné. Un acta de matrimonio chueca, escrita a lápiz en mi cuaderno de biología y seguramente con faltas de ortografía, casi hasta debajo de la hoja se podían ver el espacio para nuestras firmas, todavía puedo sentir mi corazón acelerado golpeando fuertemente mi pecho.Todo estaba listo, tomé una foto de muy baja calidad pero con una gran intensión, se la envié a Jorge por mensaje multimedia esperando su respuesta muy nerviosa aunque sabía que era un juego, en el mensaje yo escribí: “Señor Jorge Luis, ¿acepta usted ser esposo de esta niña de sus ojos para siempre?” Y casi inmediatamente recibí su mensaje “sssiiiii, claro que me caso contigo mi flaquita” ese día me sentí tan feliz porque sabía que estaba siendo sincero y que tal vez ya no era un juego. Han pasado 9 años desde ese día y no nos hemos divorciado, pues cuando lo pude ver en persona decidimos hacer ese documento oficial, firmamos esa hoja de cuaderno que sigo conservando, recordando ese día en que mi alma gemela se casó conmigo a través de un mensaje de texto desde mi salón de clases y mis amigos me hicieron sentir amada. El resto del día transcurrió con normalidad pero yo ya era una mujer casada.

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Esta entrada tiene 2 comentarios

  1. La historia está padre. Me gustó :3

    Pero desde mi punto de vista, deberías de separar un poco los párrafos. Porque un texto de ese tamaño es algo complicado de leer…

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