Reto 20: Nuestro breve adiós

   

   Escribo estas últimas líneas en una libreta que más que un diario es un cúmulo de recuerdos. Una semana en cama. No es la nuestra. No posee el cálido abrazo que cobija nuestras noches. No tiene tu aroma, ni dibuja tu silueta al otro lado del colchón. Las sábanas son frías. Mi cuerpo no logra calentarlas. Sé que el final se acerca, puedo sentirlo. 

     Mi débil corazón entibia…    

     El sonido de la perilla de la puerta me interrumpe. La enfermera entra al cuarto y se dirige hacia mí. Toma mis signos vitales. Cierro la libreta. No deseo que por descuido lea alguna de sus líneas.

     ─ Me da gusto ver que tiene ganas de escribir. Es buena señal.

     ─Agradezco su optimismo, pero miente muy mal ─estoy literalmente en los huesos, los tres meses de vida están por expirar─. Aún respiro, imagino que es la buena señal a la que se refiere.

     ─Por supuesto que no. En verdad su semblante luce mejor esta mañana.

     ─Es que mi semblante no refleja lo que el cáncer de páncreas le hace a mis entrañas. Los analgésicos aligeran mi agonía. Sólo es cuestión de tiempo. Mi esposo no tarda en llegar, y un poco de rubor vendría bien a mis mejillas. ¿Puede ayudarme?

     Sale del cuarto y regresa con una bolsita de cosméticos. Maquilla mis ojos y da color a mis labios. Mi palidez mortuoria requiere más rubor de lo habitual. No deseo verme al espejo, prefiero recordar mi rostro con su antiguo destello de vida.

     Tomo la libreta y continúo escribiendo: Mi débil corazón entibia un cuerpo que poco a poco pierde la batalla. La llama de nuestro amor lo mantiene vivo; un  amor de más de cincuenta años que rompe las barreras del tiempo y el espacio. Un amor que dedica el último aliento de vida al ser amado: tú. Mi esposo en esta vida, y en la otra.

     No siento miedo. Una paz me embarga a medida que las fuerzas me abandonan. La muerte nos ha dado toda una vida de ventaja, y ¡Vaya sí le hemos sacado provecho! Mi memoria está llena de recuerdos a tu lado. Viajes, pláticas interminables, comidas, nuestro hogar, nuestra familia. No queda nada pendiente. Nada por vivir y decir. La despedida sobra cuando el amor trasciende. Las estrofas de esta vieja canción explican mejor nuestro breve adiós:

“Cuentan que cuando un silencio aparecía entre dos, era que pasaba un ángel que les robaba la voz.

Ahora comprendo cuál era el ángel que entre nosotros pasó. Era el más terrible, el implacable, el más feroz.

Ahora comprendo en total este silencio mortal. Ángel que pasa, besa y te abraza. Ángel para un final”

                                               (Silvio Rodríguez)

     Mi esposo regresa. Trae consigo un ramo de flores. Luce demacrado. Al igual que yo, la está pasando mal. Se sienta a mi lado y toma mi mano. Con las pocas fuerzas que me quedan le entrego la libreta.

     ─Es para ti ─ sonríe y me besa en la frente─. Tengo sueño amor; es un sueño diferente al habitual. Si me hablas y no despierto, quiero que sepas que me duermo pensando en ti mi amor.

     

 

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lucia_argoytia
Author: lucia_argoytia

Esta entrada tiene un comentario

  1. romina

    La idea muy buena, falta trabajo de corrección. En los diálogos, repeticiones… FORMA.

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