Reto #20 TUYA POR LA ETERNIDAD

TUYA POR LA ETERNIDAD

Hoy viajo a Francia. A una cita romántica. Salgo en el vuelo de las 9:00 pm. Despliego las alas de mi espíritu. Amo volar. A mi lado, el puesto está vacío. Evoco a Steve y lo siento conmigo. No me creo expectativas. Quiero ser sorprendida por la vida…

Al fin, ¡Francia! Entre la multitud, veo un cartel. ARIDELKA TE AMO. Unas rosas rojas en sus manos. Allí lo veo, en bermuda y camiseta blanca. Se ha rapado el cabello. 

Mi corazón palpita a mil por hora. Mi pulso se acelera. En mi vientre revolotean mil mariposas. Me voy acercando. Soy algo pequeña. Ya, casi de frente, me mira arrobado. Visto unos jeans con blusa marrón. Atada a mi cuello, una bufanda color ocre. Mi cabello rizado cubre mi rostro, dejando entrever mi mirada y sonrisa. Mis ojos brillan. Nos fundimos en un tierno abrazo… 

—¡Hola mi amor, al fin llegaste! 

Tomados de manos, llegamos al hotel reservado. 

—Amor, he esperado conocer el sabor de tus labios —suspira. 

Salimos a cenar a orillas del Río Sena. A la luz de las velas y de fondo, violines. Fue hermoso. ¡Vaya velada! Afuera, la lluvia arrecia. Nos regresamos al hotel. Aún no hemos llegado, y sin pronunciarlo, sabemos que algo no está ultimado. 

—Aridelka, te amo… 

—Steve, siempre te he soñado… 

Hoy le entregamos a nuestros labios todo el amor contenido. Soy mujer venerada. Él hace que el momento deje de tener tiempo. Que la eternidad termine. Y la oscuridad alumbre… Pasamos una semana sinigual. 

El último día llega. Para mí, el más especial. Visitamos la librería Shakespeare, mi corazón aumenta el ritmo. Lo beso tierna y agradecida. 

 —Amor, ¡qué regalo tan hermoso! ¡No alcanzo a describir lo que siento! —Lloro de alegría. 

—Querida Aridelka, te conozco muy bien. Sé que amas las letras y el buen café. 

Buscamos un sillón aterciopelado y nos sentamos. Saca una libreta de bolsillo y me lee un poema, escrito en mi honor.  Cada acto ejecutado, lugar visitado y nuevas sorpresas, eran un halago a mi corazón enamorado.  

Llega el día de regresar a Panamá. Nos comprometemos. Abordamos el vuelo de regreso. Seguros de que nada nos puede separar. Una vez en mi suelo, el se queda en la capital con su hermano y yo viajo a mi provincia…

—Buen día cielo. —Le llamo temprano—. He pasado mal. Tengo vómitos y dolor abdominal. 

—Amor, ve al médico. Saca un cupo con la gastroenteróloga y me avisas.

Acudo sola a la cita. No quiero preocupar a nadie. Pasada la semana, tuve el resultado final. Recibo una llamada de la doctora, cita a las 4:00 pm.

—Hola doctora, vengo del trabajo. Sé muy bien que necesito cambiar la dieta… 

—No es tan fácil Aridelka. Sabes de medicina. Hay algo que descubrimos en la biopsia. Tienes un cáncer intestinal masivo. Estoy perpleja, está en fase terminal.

—¡No puedes ser doctora! —Me llevo las manos a la cabeza. 

Ella se levantó y me abrazó. Quiso llamar a los míos. La detuve. Decido caminar aquella tarde. Hablar con Dios. En el silencio está su respuesta. 

Llego a casa. Paso los días siguientes hundida en la tristeza. Mi hijo no entiende. Mi hija insiste y no contesto el celular. No acudo a laborar.  Me recluyo en mi habitación, llena de dolor y mil preguntas. 

Siento que no vale mi fe, ni mi entrega, mi amor y cuidados por mis seres amados. El ser buena hija, no me libra de un cruel final. Dietas, cuidados y temperancia son parte de mi vida. Reacciono. ¡Dios está al control! (Estoy en negación) Recuerdo que desde niña he sufrido de alergia alimentaria. Nunca fue tratada.

—Buenas tardes  —irrumpieron en mi puerta—. Amor mío, ¿qué te pasa? ¿Por qué no respondes mis llamadas?

—Tengo cáncer intestinal, en etapa terminal.

No lo pienso dos veces. Me arrojo en sus brazos a llorar, él no sabe qué hacer. 

—Amor, iremos donde sea. Buscaremos ayuda. Debe haber solución —me sella la boca con un beso de dolor. Quiso arrancar mi enfermedad y donarme su salud. 

Mi familia llega a casa. Se han corrido la voz. Los abrazo uno a uno.

—Familia, debo compartirles algo. Estoy enferma. Tengo cáncer intestinal. En fase terminal. Acepto la voluntad de mi Padre. Gracias por el amor que me han dado. Cuiden a mi madre —bajo mi cabeza. 

—Hijos, mantengan la intimidad con Jesús. Sean celosos con los niños. Háblenles de cuánto los amo. Sean fieles, compasivos y sabios. Prepárense para la Eternidad. Nos volveremos a abrazar. No es un adiós, es un hasta luego. 

Mi amado vuelve a abrazarme… 

—Ten confianza mi amor, para esto, también hay solución —susurró.  

                                  Arianys Núñez 

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Author: arianysdelc

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Esta entrada tiene un comentario

  1. romina

    Bien la idea. Cuida los tiempos verbales. No olvides al lector.. conectar.

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