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RETO 20 TESTAMENTO

Todo está listo, excepto dejar a Mauricio. El amor de mi vida se queda dos veces; se queda en Estados unidos y se queda en mis recuerdos, es lo que pienso recostada en la camilla del hospital, mientras preparan el pequeño avión que me trasladará a mi país, México.

Mau está a mi lado, sus ojos hinchados y sus ojeras es lo que más resalta en su rostro apiñonado. Con una mano toma la mía y con la otra sostiene el sobre que lleva la carta que le escribí hace dos semanas. Lo miro fijamente y me atrevo a decir.

—Sonríe por favor, quiero quedarme con tu imagen de siempre, alegre, fuerte y galán —trato de dibujar mi mejor sonrisa, aunque las quimioterapias hayan provocado la caída de mis dientes.

—Me pides imposibles, ya no te veré jamás y no podré estar a tu lado cuando te vayas —derrama  lágrimas sobre mi brazo.

—Eso es mentira, tú estás en mí y yo en ti —aprieto fuerte su mano y trato de alentarlo—, hace una semana nos lo demostramos, nuestros cuerpos se hicieron uno solo. Recuerda, tú eres el mar y yo el sol que se refleja en ti cada amanecer y atardecer. Voy a Orar por ti y tú por mí, porque llegará la noche y me ocultaré por un tiempo —trato de sentarme, él me ayuda y me abraza, siento sus lágrimas tibias en mi hombro.

Es tan cálido sentir su cuerpo junto al mío. Cierro los ojos y comienzo a traer a mi mente los momentos más increíbles que vivimos juntos. Como el día que me llevó a Universal Studios, fue uno de los mejores días de mi vida, aunque él nunca había ido, su espíritu aventurero hizo que nos lanzáramos, aun sin dominar bien el idioma, pensé que nos perderíamos, pero no. Nos la pasamos de maravilla. Vimos a varios personajes de caricaturas y películas, como los Simpson, Shrek, Harry Pother, etc. etc. Íbamos admirados con todos los efectos especiales. Nos convertimos en dos niños embelesados con el desfile de los Minions gigantes que amarrados por una cuerda simulaban que volaban. Cientos de luces de colores en las palmeras iluminaban el lugar y la bandera de Estados Unidos en un carro alegórico formaban un gran espectáculo.

A los dos meses de salir con Mau, me presento a su Tío, y yo lo llevé a casa de mi prima para que lo conociera, le cayó muy bien. Esa tarde nos habló de Guadalajara donde vivía con sus Papás, nos describió su estado tan detalladamente que imagine comerme una torta ahogada en el mercado que está cerca de la catedral.

Así pasaron los meses y Mau, me propuso irme a vivir con él. Nos dividíamos los gastos y me enseñó a manejar. Llevábamos ya diez meses y no solo éramos novios, también mejores amigos, nos teníamos mucha confianza, con él me podía desahogar y él conmigo. Ambos extrañábamos mucho a nuestra familia. Estábamos dispuestos a regresar, pero no sin antes juntar para nuestra casa y un pequeño negocio. Eso nos llevaría un año más en California. Así que ya solo pasábamos los fines de semana viendo películas y cocinando en casa, para ahorrar lo que más pudiéramos.

Quien diría que una visita al Doctor acabaría con nuestros planes. Un día saliendo del trabajo sentí mucho dolor en mi brazo y Mau insistió en llevarme al médico. Después de ser revisada, los Doctores me dijeron que iba a necesitar algo de reposo. La seriedad del doctor no me agrado fue cuando dijo “¿Usted tiene familiares aquí?” le respondí que solo una prima y a mi novio, señale a Mau. Nos miró y  mencionó que el dolor del brazo se debía a un pequeño tumor canceroso y que era de gran urgencia atacarlo, sin embargo ya estaba muy avanzado. Sentí la sangre helada y no pude evitar que se me salieran las lágrimas. Mauricio me abrazo muy fuerte y me dijo que todo iba a estar bien, pero eso no me tranquilizo en lo absoluto.

El camino a casa fue muy lento, sentía terror, solo lloraba y pedía que fuera un sueño. Mau, también estaba muy sensible, ese día no fue a trabajar y estuvo conmigo en la sala dándome muchos ánimos, dijo que estaba a tiempo de atacarlo que íbamos a salir de esta. El problema era que no estábamos asegurados pues somos indocumentados, los gastos serían muy fuertes.

Efectivamente nos gastamos todos los ahorros, y el remordimiento de ver como el dinero de Mau se iba en el hospital me ponía peor.

Un día llegó acompañado de tres personas, eso me molesto demasiado no tenía ganas de visitas, como se atrevía, estaba enfurecida. Me pidió de favor que saliera aunque sea un momento. Podría ser todo menos grosera así que salí, y vi a dos señoras y un señor.

—Hola, Ceci. Somos parte del grupo “Renovación en el espíritu Santo”

—Hola, no sabía que Mauricio los conocía —observé a Mau de reojo.

—Es que él apenas nos conoció la semana pasada, estaba en la Iglesia y nos atrevimos a platicar con él —se notaban buenas personas, pero aun así los miraba desconfiada, no dejaban de ser desconocidos y él los metió a la casa—. Estamos felices de conocerte, Mau ya nos habló un poco de ti ¿nos permitirías conocerte un poco más? —estaba perpleja, lo menos que quería era hablar con gente extraña, pero yo soy creyente y siempre he venerado al Espíritu Santo—. No te quitaremos mucho tiempo, por favor —sonrió una de ellas de manera gentil.

—Está bien, tomen asiento —Mau, ya traía cuatro vasos de limonada, es un atrevido muy amable.

Después de esa extraña visita me sentí tranquila, pero las cosas fueron empeorando en las visitas al Doctor. Las Quimioterapias no atacaron todo el cáncer. Estaba muy desgastada. Me hospitalizaron y fue cuando  dijo el Dr. que ya no se podía hacer más. Me sentí destrozada.

Siempre estaban conmigo los del grupo de Renovación y Mau. Ellos, me hicieron ver las cosas muy diferentes. Me pidieron  irme a despedirme de mi familia. Eso iba a ser imposible porque ya no tenía dinero. Regresaría sin nada, pero ellos ya había hecho varias vendimias y su grupo junto dinero para que yo pudiera regresar a casa, siempre me decían que para Dios no hay imposibles. El Dr, oyó nuestra plática y conmovido espiritualmente nos dijo que ellos pagarían un avión particular para que regresara.

El grupo de renovación me pidió que le brindara unas palabras a Dios por permitirme ser una guerrera y en agradecimiento por mi paso en este mundo. Acepte pero con la condición de ser grabada.

 “El mundo seguirá sin mí, pero cuando vean esta grabación quiero que recuerden que nada es imposible para Dios. Si crees que tienes problemas económicos, familiares o de salud nunca te rindas, porque aun puedes abrazar y alentar a otras personas. El día que abandonemos este lugar vayámonos felices de haber disfrutado, amado y compartido con muchas personas nuestra vida. Eso será lo mejor que podremos dejar como testamento”

Fue todo lo que pude decir, pues la voz se me quebró. Sentí el abrazo fraternal de Francisca.

Todo estaba listo, excepto dejar a Mau, así que decidí escribirle un poema de Salvador Díaz Mirón.

 

“Quisiera llevarte en mí como la nube al fuego,

mas no como la nube en su carrera

¡Para estallar y separarse luego!

 

Yo quisiera en mí mismo confundirte,

confundirte en mi mismo y entrañarte;

yo quisiera en perfume convertirte,

¡Convertirte en perfume y aspirarte!

 

Aspirarte en un soplo como esencia,

y unir a mis latidos tus latidos,

y unir a mi existencia tu existencia,

 ¡y unir a mis sentidos tus sentidos!”

 

No existían otras palabras que pudiera describir las noches que nos amamos a la luz de la luna, como con tan hermoso Poema. Físicamente ya no estaría, pero sí dentro de su ser.

Acerca del autor: Cecilia Santiago

Politóloga de profesión, Panista por convicción, Amo a Dios con todo mi corazón.

cecilia38

Politóloga de profesión, Panista por convicción, Amo a Dios con todo mi corazón.

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Comentarios

Romina Bayo Ceci: falta realizar la trama, ordenar los puntos de forma que haya un apogeo. Ese gancho que atrape al lector para querer seguir leyendo.
Cecilia Santiago entendido, Romi. Gracias.
Hace 3 meses
José Juan Espinosa Mercado Tú puedes Ceci, pule esos detalles, te deseo éxito en el cuento.
Cecilia Santiago Muchas garcias, José. Tambien éxito para ti.
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