Reto 20 – rompi nuestra promesa

El sonido de la sirena se vuelve insoportable, la ambulancia se mueve de forma brusca. Sara se sostiene de los lados de la camilla mientras siente como su respiración se corta y sus pulmones no responden. La enfermera a su lado, le pone la mascarilla para respirar, mientras ella lucha por mantenerse despierta.

Poco a poco el ronroneo del motor y la carretera destapada la llevan a un estado somnoliento, en el que deja de luchar por su vida y se entrega a la voluntad divina.

―Yo pensé ―sonrió―. Pensé que solo era una gripa. Ni siquiera salí en toda la cuarentena.

―¿Me hablas a mi? 

La enfermera que iba con ella no tenía tiempo de escuchar a una pobre convaleciente, solo debía estabilizarla.

No quería encariñarse, ni sentir empatía por ella. Era una joven profesional. De aspecto fuerte. Sara lo noto. 

―No tienes que responder ―parecía leer sus expresiones―. Solo voy a hablar ―con una sonrisa que las lágrimas borraban dijo―. Tengo mucho miedo, no quería que mi vida se acabara así ―hizo una pausa―. Hace cinco días recibí un mensaje de buenos días de mi novio, y después mi sistema respiratorio dejo de funcionar. Desperté en la camilla de un hospital y ni siquiera estaban mis padres en el momento en que me diagnosticaron con Covid ―tosió―. No le respondí a mi novio. No sé si él sabe en qué estado me encuentro. No sé como esta mi familia ―al notar el interés que la enfermera empezaba a prestar, y como su rostro se suavizaba, añadió―. ¿Voy a morir? 

La enfermera no respondió, solo se limpió algunas lágrimas y volvió a tomarle la temperatura. Era una ambulancia pequeña, así que no debía alejarse para tomar el termómetro y dejarlo nuevamente en su sitio.

―¿Tienes un celular? 

Ella asintió con desconfianza

―¿Podrías grabar a una pobre moribunda?

La joven enfermera saco de su bolso un celular, busco la grabadora de voz y le indico que hablara. 

―Cesar, mi amor ―sus ojos arden por las lágrimas―. No te respondí porque tuve que hacer algo en el hospital. Me diagnosticaron Covid y estoy viajando a Pasto ―se quedo en silencio y después continuo―. Sé que teníamos pensado viajar mucho, estudiar, casarnos, tener una familia y envejecer juntos ―el llanto le provoca estornudos mas frecuentes―. Yo te lo prometí y debo romper esa promesa. Estábamos tan bien. Tan enamorados y… ―no podía seguir―. Solo quiero que no me llores, no me pienses, ni me extrañes. Quiero que seas feliz y que cumplas todos tus sueños. Tú te mereces mucho. Eres un gran hombre y sé que el mundo se merece tener a alguien como tú. Yo estoy muy agradecida de hacerte tenido ―añade―. Si quieres estar de luto, que solo sean unos días. Y después levántate y vive, por ti y por mí ―su voz se vuelve ronca y el esfuerzo le duele―. Te amo, Adiós mi amor ―mira a la joven y termina―. Ya

―No te voy a dejar morir ―las lágrimas recorrían el rostro de la enfermera―. Lo prometo.

―No hagas promesas que no puedes cumplir. ―hizo una pausa―, yo acabo de romper una que me prometí a mí misma nunca romper. Le rompí una promesa a quien le entregué mi corazón ―tosió―. Solo prométeme que se lo dirás.

La ambulancia aceleraba como si la muerte los persiguiera. Sin saber que la muerte ya estaba con ellos.

Sara llevo su mirada a la ventana.

―Esta carretera es lo último que ven los moribundos ―respiro―. El trampolín de la muerte. La carretera que te mata o te lleva a un hospital, en el que puedes vivir o morir ―vio a su acompañante―. Y, solo si vives, vuelves a embarcarte a la carretera, y nuevamente, tienes la posibilidad de morir.

La carretera no era más que una trocha que limitaba con un abismo. Sus recurrentes víctimas eran moribundos que buscaban vivir. Esa fue su última mirada del mundo. Esa enfermera, la última en incumplirle una promesa. Esa ambulancia, su ultimo hogar. Y ese sentimiento en su pecho, el más eterno y el que llevo hasta el final.

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Esta entrada tiene un comentario

  1. romina

    Muy bien, ahora a corregir. Debes leer sobre puntuación, cuida la forma.

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