Reto 20 No todo está perdido.

—¡No puede ser! —El exclamo me asusta y volteo hacia ella y observo su semblante de angustia— ¡Olvidé apagar la bomba del agua!

—¡Me espantaste! Pensé que era algo grave —Busco el próximo retorno para volver a casa y lo tomo, solo hemos avanzado dos kilómetros.

—Perdóname melón, espero no llegues tarde.

—Os no preocupéis —respondo de manera amable, presumiendo mi modo de hablar españolizado.

Llegamos a casa, sin apagar el carro presuroso voy al interruptor de la bomba de agua, la apago y retorno al vehículo para emprender de nuevo la marcha.

—¡Te quiero mucho! —volteo a verla y reconociendo mi frialdad en saber hablar bien respondo

—También yo

—No se te nota

—Sabéis que si —sonríe porque disfruta torturarme de la manera acostumbrada.

Llegamos al centro médico, trato de no contagiarme de miradas acongojadas, ánimos deprimidos y llanto de dolientes. Las circunstancias no me afectan y voy optimista, pues las sesiones de quimioterapia parecen haber hecho su trabajo, toca mi turno y paso. Mi esposa permanece en la sala de espera.

—Buenas tardes doctor

—Buenas tardes, tome asiento —su acento profesional serio desentona con la tranquilidad que traigo—. Le pedimos que hiciera un análisis por segunda vez porque si recuerda en los primeros los resultados nos salieron preocupantes, y… —hace una pausa mientras hojea mi expediente en busca de algo que confirme sus palabras— pues temo confirmarle que no existe error, los resultados arrojan lo mismo.

—¿Y qué sigue? —Espero una respuesta que me traerá dificultades pero que sabremos afrontar.

—No hay mucho que se pueda hacer, la metástasis apareció a pesar del tratamiento y del primer análisis al segundo hay un avance considerable —palidezco y quedo con la mirada perdida sin saber que decir— conozco a una buena tanatóloga que le ayudará… —no escucho lo que dice, un nubarrón oscurece mi pensamiento y somnoliento tomo la tarjeta que me entrega, abandono el consultorio y me dirijo adonde aguarda mi esposa.

—¿Qué pasó? ¿qué te dijo? —Enmudezco y solo atino a abrazarla con fuerza, responde con la misma intensidad y añade— Estarás bien, Jehová siempre cuida por nosotros. —Entre sollozos, le entrega la tarjeta de la tanatóloga.

—Está perdido, ¡ayúdame a hacerte feliz!

—Lo soy desde el día que te conocí —no nos atrevemos a movernos, un breve silencio invade nuestros pensamientos— vamos a buscar quien te pueda ayudar, naturista, chochero, lo que sea, brujos no porque sabes que no es bueno.

—No melona, no perdamos el tiempo —replico tratando de no ser trágico— Disfrutemos estos días y hagámoslos valiosos —Vayamos al bosque, estudiemos la palabra de Dios y hagamos su voluntad, lo que el haga por nosotros es bueno y estamos para ayudarle… —Una idea llega a mi mente y concluyo— En Ixmiquilpan existen muchos en mis condiciones y peores que necesitan ayuda, tengo buen sentido del humor, soy negociador, se contar historias y podré ayudarles a otros infelices como yo ha terminar bien sus vidas.

Entre risas y lágrimas responde.

—Tu nunca cambiarás

1

Esta entrada tiene 3 comentarios

  1. Ana Elena

    Conmovedor texto. A pesar de tu enfermedad tienes el deseo de ayudar a salir adelante a personas que tienen lo mismo que tú.

  2. romina

    José. Nos falta en el texto mucha lectura de corrección. Puntos finales, ver que cada oración esté correcta… NO subas corriendo…

  3. jesus chapa

    es interesante que no te doblega la enfermedad y la compasión que sientes por otros

Deja una respuesta

16 + 18 =