Reto #20: Mi corazón

En sus ojos se dibujaron algunas lágrimas, mi pequeña confesión la había dejado desarmada. Temblé un poco. La noche había caído y solo el rocío de una extinta tormenta se cernió sobre nosotros. Doménica esperó que todo fuese una absurda broma, no lo era.

Las palabras del doctor retumbaron en mi cabeza: “Deformación coronaria congénita”. Ese fue mi diagnóstico. A mi corazón se le ocurrió fallar y colapsaría en cualquier momento. Le di muchas vueltas al asunto, decirle al amor de mi vida todo eso fue muy difícil pero la verdad había sido un pilar fundamental en nuestra relación. Mis frías y calculadoras palabras hicieron su parte aunque nunca pensé que aquella falsa valentía al final me llevó a su casa para matarnos a los dos.

—¿Puedo pedirte un favor? —limpió sus ojos—. ¿Puedo abrazarte?

Me congelé. En mis planes consideré mil maneras de su posible accionar pero jamás me imaginé que me pediría algo así. Aunque no di mi respuesta, ella se acercó despacio. Acarició mi cabello y rozó con sus dedos mis mejillas. Deslizó su mano hasta llegar a mi corazón y ahí se detuvo un momento. Me mantuve quieto esperando que parara el juego. Sus brazos rodearon mi cuello hasta sentir su rostro tocar el mío.

—¿Qué haces? —pregunté.

—Quiero grabar tu piel en la mía y sé que es estúpido —su voz se quebró—. Solo déjame hacerlo.

Correspondiendo a su contacto, acerqué mi cuerpo al suyo… las lágrimas invadieron mi rostro de forma automática haciéndome ver mi cruel realidad. ¡No viviría más! Lejos de poder mitigar mi dolor, la frustración me tomó prisionero y solo pude derrumbarme en sus brazos.

—¡Tengo mucho miedo! —casi no pude hablar—, aun no quiero irme, quiero caminar de tu mano, envejecer junto a ti, pero… no tengo tiempo.

La abracé fuerte sin importarme el dolor de mi brazo que estaba destrozado por las agujas.

—Cada noche que intento dormir, me ahogo… las pesadillas me están acabando… voy a perder la razón… —respiro con dificultad—, no me dejes, por favor.

Mis frases lejos de asustarla la conmovieron y solo asintió a mi petición.

—Nunca lo haré.

Mi compañera me tomó la mano llevándome al interior de su casa. No puse resistencia. El lugar era tibio, lleno de apacible música y color. Nos sentamos juntos a conversar intentado recuperar la calma. Le conté todo lo que sabía de mi cruel enfermedad, lo que me dijeron los doctores y el tiempo que estimaron. Aunque quise mantenerme fuerte, la tristeza siempre ganó la batalla. Ella por su parte me escuchó atentamente y como si de un niño se tratara, me llenó de besos, caricias y mimos mientras me dijo que todo saldría bien.

—¿Pude vivir en tu corazón? —pregunté más tranquilo.

—Claro que si. Es tu casa.

—¿Me recordarás aunque sea un poco?

—No podría olvidarte jamás…

El pesado sueño me impidió seguir, solo pude pronunciar una frase más:

—Te quiero.

Después de mucho tiempo al fin pude dormir en paz sin que los fantasmas de la muerte traten de llevarme, mis lágrimas se detuvieron por completo luego tantas noches y en ese momento fue el miedo quien se asustó. A su lado me sentí más vivo que nunca.

 

“Mañana será otro día” me dije “Para seguir luchando o sufriendo aunque en ese mañana quizá ya no esté”.

stevenmacas27
Author: stevenmacas27

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Esta entrada tiene un comentario

  1. romina

    Muy bien. La última línea te sobra. Ahora trabajo de corrección y sobre todo, forma

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