Reto 20 “Melodía”

Durante varias semanas quiso mantenerlo en secreto mientras digería con amargura las palabras del médico, se encerró en su habitación y lloro días enteros, gritó, maldijo a Dios, profanó su nombre, pensaba si su enfermedad era un castigo o prueba por haber sido como es, alguien con incontables errores a lo largo de su vida, después se arrepintió y pidió perdón, se arrodilló observándo el recuadro del “Corazón de Jesús” colgado cerca a su ventana, aquella imagen le brindaba cierta fortaleza y tranquilidad, finalmente estuvo preparado, era difícil, y es que, nadie en su sano juicio puede concebir con naturalidad la idea sobre su propia muerte.

Elizabeth regresaría de su viaje en unas horas, la amaba demasiado, temía por ella y de cómo tomaría la noticia, no quiso pensar más, se metió a la ducha, el agua caliente fue como abrazo cálido para su alma, se tomó su tiempo para disfrutarlo, cuando acabó envolvió su cuerpo con una tolla blanca y caminó hasta su cuarto, se paró frente al espejo y vio su rostro pálido, era un hombre calvo de 30 años, la quimioterapia no había mejorado ni un poco su condición.

Esperó a su amada con la cena preparada, se puso el mejor traje y el perfume que a ella le encantaba, quería abrazarla, besarla, amarla toda la noche y el resto de días que le quedaban.

El sonido del automóvil lo apresuró, fue a su encuentro sin perder tiempo. Ella lo recibió con una sonrisa y se dejó caer en sus brazos soltando las maletas.

—Qué rico hueles amor ¿por qué tan elegante? —ríe mirándolo de pies a cabeza.

—Quise verme bien para ti ¿tiene algo de malo?

—Para nada cariño, te ves muy guapo y me gusta.

La cena está servida y le parece aún extraño tanto detalle de parte de su esposo. Deja sus maletas en la habitación y no tarda en regresar. Vuelve a preguntar con insistencia, lo conocía tanto que sabía que algo no andaba bien, presionado por su mujer no le queda más remedio que ser sincero. 

Como era de esperarse la noticia fue una estocada en el pecho de Elizabeth, su vida se acababa junto a la vida de Francis, ambos se abrazaron, trató de ser fuerte por ella y no quebrarse también, la amaba y siempre lo haría. 

 Esa noche nadie durmió, en la habitación se escuchaba los sollozos de Elizabeth mientras él le cantaba en el oído y la besaba. 

Aquella escena se volvió común, él cantaba y ella lloraba, la melodía melancólica de los dos enamorados se apagaba de a pocos cada día, hasta que sólo quedó llanto interminable en la habitación, el dúo músical se separaba para siempre. 

Un largo período de silencio invadió la casa por meses, sólo se escuchaba pasos lentos y desganados, un día como cualquier otro se volvió a escuchar amor y vida, una madre con su dulce canto calmaba el llanto de su hijo, una nueva voz se unía a la vieja melodía. 

Francis C. S

renorseless96
Author: renorseless96

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Esta entrada tiene un comentario

  1. romina

    Piensa en el lector. Busca la forma de llevarlo a ese momento, de hacerlo sentir lo que el personaje siente. No te conformes con lo primero que llegue… puedes más… tienes una historia que escribir.

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