RETO # 20: LARGO VIAJE

Cristóbal esperaba a su novia impaciente, se ubicó frente al río. Observaba como las aguas quietas y oscuras hacían juego con las nubes grises. Parecía que el cielo adivinaba la catástrofe que se avecinaba. El escenario estaba preparado, las aves no cantaban y el silencio se apoderaba del ambiente. Había un presagio de tragedia.

Cerró los ojos buscando una explicación. ¿Por qué tendría que alejarse de la mujer que ama? Si hace semanas atrás todo era felicidad.

Las escenas vienen a su mente. Veía a Diana su novia. Feliz, emocionada, diciéndole que aceptaba casarse con él. Tomó su mano, le colocó un anillo. Digno de ella. La dicha los invadía, por un largo rato se quedaron conversando, planificando su boda, jurándose amor eterno. Después de tres años de noviazgo. Por fin podrían estar juntos para siempre.

Luego de varios días decidieron hablar con sus padres. Pero antes se verían para prepararlo todo. Era un miércoles por la mañana y Cristóbal despertó bañado en sudor, se sentía cansado y tenía fiebre. Sin embargo, pudo más el deseo de ver a su amada, se alistó y fue hasta su casa.

Tocó la puerta.

—Amor te estaba esperando —Diana lo recibió con un beso—. ¿Te sientes bien? ¿Estás un poco acalorado? ¿Acaso tienes fiebre?

—Creo que sí. Desde esta mañana, pero no te preocupes ya se me pasará.

—Claro que no, si te sientes mal es mejor que vayamos con un doctor. No quisiera quedar viuda antes de tiempo —se miraron y sonrieron.

—No seas exagerada. ¡De verdad!, enseguida se me pasa.

—Tienes mucha fiebre —colocó su mano en la frente de Cristóbal—, tal vez sientes algo más.

—Últimamente estoy como débil, pero debe ser por la fiebre que dices que tengo.

—¡Ahora mismos vamos con  un doctor!

—Diana, creo que estas exagerando, al rato voy.

—No señor, ¡vamos ahora mismo!

—Esta bien, para que te quedes tranquila voy a ir, pero iré solo, luego te llamo. Verás   que no es nada malo.

—Por supuesto que no, yo te acompaño.

—Amor ¡voy solo!, o si no, no voy.

—Está bien, amorcito terco, pero me llamas.

—Lo haré —se despidieron con un beso.

Una voz lo despertó de su estado de introspección.

—Hola amor —se acercó para saludarlo.

—Hola —él la apartó.

—¿Qué te pasa? ¿Estás bien? Me tienes preocupada, cuando recibí tu llamada, pensé que algo malo te había pasado.

—Tenemos que hablar, debo confesarte algo.

—Es sobre tu salud, desde que fuiste al doctor, has estado raro conmigo.

—No, quiero hablarte de otro tema. Mi salud está bien.

El teléfono de Diana timbró.

—Tengo que contestar, es mamá. No le avisé que saldría. Hablaré con ella para que se quede tranquila.

Diana recibió su llamada apartándose de Cristóbal. Mientras tanto él observaba nuevamente el paisaje, los pensamientos vuelven a su mente.

Iba camino al hospital. Tomó una cita y después de treinta minutos lo atendieron. Explicó los síntomas que lo estaban aquejando por varios días. Sudoración excesiva, fiebre alta., debilidad y repentinas hemorragias nasales.

El galeno indicó que debían hacerle unos análisis. Le dio el pedido, lo envió al laboratorio y solicitó que regrese al siguiente día por los resultados.

Cristóbal se fue a su casa, por la noche llamó a su novia, diciéndole que había sido un simple resfriado.  Pasó dando vueltas en la cama por la preocupación. Ya en la mañana, se levantó muy temprano y fue nuevamente al hospital.

—Pase por favor —el galeno lo invitaba a sentarse.

—Y bien doctor ¿Qué tengo?

—No le tengo buenas noticias.

—Por favor, déjese de rodeos y dígame. ¿Qué es lo que tengo?

—Señor Cristóbal, los síntomas que ha estado teniendo son por causa de una leucemia aguda que usted padece. Lo siento, pero así lo confirmaron los análisis.

—No pude ser —se recostó en la silla.

Su mirada parecía perdida, sus ojos recorrían   las paredes blancas, vacías. No comprendía nada, temblaba, lo atormentaba el bullicio de la gente en los pasillos.

Qué podemos hacer doctor.

Él le indicó que debía someterse a quimioterapias de manera urgente y el tratamiento duraría por lo menos un año. Pero le aclaró que sería muy doloroso. Que necesitaría todo el apoyo de su familia. Además, agregó que aún siguiendo el tratamiento. Hay altas probabilidades de que pueda morir. Le dijo  que lo único que lo salvaría es un trasplante de médula.

Cristóbal le contaba que se casaría en tres meses, no entendía para que iba a seguir el tratamiento, si de todos modos moriría.

El profesional, insistió en que si tomaba las quimioterapias lograría ganar tiempo, hasta que aparezca un donante.

Él mencionó que necesitaba pensarlo. Salió corriendo del consultorio, llegó a un lugar apartado del malecón de la ciudad. Cayó de rodillas, lloraba, gritaba y reclamaba al cielo.

—¿Por qué? ¡Dios mío! ¿Por qué? No, no. No me castigues así. Por favor padre mío —subió el tono de voz—, ¡no me puede hacer esto! Sintió que sus fuerzas estaban agotadas. Había llorado suficiente. Se tranquilizó. Su mente se aclaró. Tomó una decisión. Llamó a su novia y la citó en ese lugar.

—Ya Cristóbal, terminé de hablar —él dio la vuelta y la miró a los ojos.

—La razón por la que te hice venir, es porque quiero decirte, que ya no deseo casarme contigo.

—¿De qué hablas amor?

—Lo que acabas de escuchar, lo he pensado bien y considero que no estoy listo para dar este paso en mi vida.

—¿Es una broma verdad? —Cristóbal esquivaba la mirada—. ¡Contéstame! Esto es de muy mal gusto.

—No es ninguna broma, ya no quiero casarme contigo.

—Pero ¿Por qué? —empezó a llorar—, debe haber una explicación. ¡Dime por favor! ¿Qué pasa?

—Ya te dije, no estoy listo. Además, voy hacer un viaje fuera del país. Necesito tiempo.

—Estas loco, como te atreves a hacerme esto, eres un desgraciado —le lanza una bofetada—. ¡Acaso no sabes cuánto te amo!

—¡Escúchame! —la tomó por sus hombros—. Eres una mujer maravillosa, yo no te merezco.

—Suéltame —se sacude con fuerza—. Debiste pensarlo antes de proponerme matrimonio. Toma tu maldito anillo —se lo lanzó en los pies—. No quiero verte nunca más.

Comenzaba a llover. Diana salió del lugar apresurada. Cristóbal la contemplaba alejarse. Buscó el anillo. Lo tomó con sus manos y le dio un beso. Estaba empapado, sus lágrimas se mesclaban con la lluvia. Abatido, dolido. Es claro que la muerte se acomoda a su lado.

 

 

 

 

 

josetjimenez27
Author: josetjimenez27

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Esta entrada tiene un comentario

  1. romina

    Bien la idea, nos falta cuidar los tiempos verbales.

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