Reto 20 “la carta”

Continúan repitiéndose las palabras del doctor en mi cabeza.

— ¡lo siento señorita! Le quedan pocos días de vida.

No puedo creerlo aún, cuando más deseo vivir es cuando menos me dejan. Estoy en la cima laboral haciendo lo que siempre he querido, los problemas familiares han cesado y semanas atrás, en frente del altar, acepte vivir la vida a su lado. 

Desvanezco en la esquina de una calle llorando, sintiendo desgarrarse cada uno de mis sueños, anhelos y metas. La gente al pasar me califica de loca, es fácil juzgar sin conocer. Nadie entendería lo que siento, mas reconforto en la libertad de mis lágrimas. 

Son las cinco de la tarde, hora de regresar a casa, tomo el primer bus esperando llegar a él.

Respiro profundo para encontrar la calma, no quiero ser evidente y mostrar debilidad cuando lo vea. El celular vibra y contesto:

— Hola cariño —respondo alegre.

— ¿Dónde estás amor?

— A unos pasos de casa ¿y tú?

— Esperándote dentro, no tardes mucho.

Apago el dispositivo y abro la puerta,  dejo a un lado la cartera, los zapatos y el abrigo buscando a Diego. Lo veo apoyarse en el balcón observando el atardecer, no se da cuenta de mi llegada, corro enseguida a su espalda y lo abrazo. Me observa, sabe que algo está mal y pregunta:

— ¿Cómo te fue cariño?

— Amor no estoy del todo bien —bajo la mirada—. Me toca despedirme de este mundo antes de lo que espere —las lágrimas brotan de mis ojos—. ¡Lo siento!

— ¿es una broma verdad? ¡Dime que estás jugando! —Agarra de mis brazos y me abraza—.

— ¡no amor! Desearía que fuera una broma —presiono su espalda— ¡pero no!

Destrozados por la noticia, nos quedamos dormidos en la cama. Abro los ojos él aún abraza mi vientre mientras duerme, lo miro con ternura.

Es breve el tiempo que me queda pero no quiero perder ni un minuto, he dejado la ventana abierta para gozar del aire fresco, tengo los pies descalzos sintiendo el suelo, a veces estas cosas son las que nos hacen sentir más vivos. El frio abraza mi espalda desnuda en el cuarto solitario y oscuro, que alguna vez fue testigo de nuestros deseos más profundos. 

Cuando supe que sucumbiría, rogué a dios por detener el tiempo, lloré a mares suplicando vida. Ahora entiendo a esas personas, que arriesgan su vida por disfrutar cada momento, quiero hacer lo mismo. Prometo vivir cada día intensamente, evitando discusiones vanas, quiero acompañar a mamá en la cocina, cortar el jardín con papá decirles lo mucho que los amo. Sentada  en el escritorio, realizo una lista de tareas que me quedan por hacer, por último cojo una hoja en blanco y escribo los versos de Becquer:

 

Amor:

Podría nublarse el sol eternamente;

Podrá secarse en un instante el mar;

Podrá romperse el eje de la tierra

Como débil cristal.

¡Todo sucederá! Podrá la muerte

Cubrirme con su fúnebre crespón;

Pero jamás en mi podrá apagarse

La llama de tu amor

 

Cuando leas esto me abre marchado, junto a nuestro creador. Amor soy la mujer más feliz del mundo, agradezco a la vida por ponerte en mi camino. Has llenado de luz, paz y armonía mi alma, has sumado valor a mi vida. 

Son muchas las promesas que hoy se apagan, pero la de amarte quedara viva en la eternidad. Este no es un adiós, nos volveremos a encontrar. Pero ahora debes continuar, cumpliendo tus metas, aventurarte por los caminos que faltaron conocer, disfrutar de cada ocaso y amanecer. 

Este episodio es una lección más para amar la vida, vive, disfruta de tu libertad, como me has enseñado, a vivir la mía.

 

Te ama eternamente.

Emiliana.

 

Guardo la carta en uno de los bolsillos de su traje negro, y regreso a la cama junto a mi amado sintiendo su calor abrigarme.

Judith7huampo
Author: Judith7huampo

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Esta entrada tiene un comentario

  1. romina

    Buena la idea. Nos falta trabajar la corrección, aplicar los retos… revisa la forma de los diálogos, y no olvides: lo que importa es el lector.

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