Reto 20: forma, fondo y ritmo.

Aquella noche Frank no pudo dormir. ¿ Y quien podría hacerlo sabiendo que le quedan escasos  minutos de vida?

Durante varias semana Frank convivió con un dolor de cabeza horrible, tras las insistencias de Bertha su empleada decido hacerse unos análisis. Lo hizo confiado, para él, solo era una migraña.

 Era lunes, los pájaros cantaban, había un sol radiante. Los resultados estaban listos. 

—Buenos días , ¿cómo está? —le extendió la mano. El doctor correspondió.

—Bien, tome asiento por favor —Frank detectó tristeza en el médico.

—¿Cómo estoy doctor? —su voz fue entrecortada.

—Lo siento mucho. Usted tiene un quiste en el cerebro —Las palabras fueron letales—. Debemos operar, sino morirá.

Frank llevó sus manos al rostro ahora lúgubre, tomó los resultado se levantó y camino hasta la puerta. Sus movimientos fueron descoordinados. El médico quiso argumentar algo pero no pudo. Caminó pensativo, cabizbajo. Trataba de asimilar la noticia. 

Al llegar a casa Bertha lo cuestionó. Él no respondió sólo le entregó los resultados y fue a su biblioteca. Se dejó caer sobre el piso, las lágrimas lo acecharon. Bertha ingresó tratando de apoyarlo, pero fue rechazada. Frank pidio estar solo. Por la noche,tomó el teléfono y llamó a Elizabeth, no pretendía contarle nada, solo quería escucharla por última vez. Espero unos segundos hasta que contestó.

—Hola cariño —su voz era suave, tímida y dulce.

—Hola, tan solo quería decirte que te amo. Buenas noches.

—Yo igual…cuídate.

Entre lágrimas Frank colgó. Se dirijo a su escritorio y redacto una carta. Sus últimas horas las paso lleyendo aquellas cartas que solía escribirle su amada,cuando aún eran jóvenes.

Por la mañana Bertha, tocó la puerta. Nadie contestó así que irrumpió de inmediato. El cuerpo de Frank lucia rigido en el piso. Ella intentó reanimarlo, pero ya era tarde. Encontró la carta,el instinto la llevo a llamar a Elizabeth. Cuando Ella llegó entre sollozos trató de leer la carta.

«No tengas miedo de mi marcha, porque yo seguiré ocupándome de ti, seguiré dándote toda mi fuerza, todo mi apoyo, todo mi amor. Y no me gustaría marcharme sin que supieras cuánto me alegro de que la vida nos juntara, por lo fácil que hiciste las cosas, porque me enseñaste que la felicidad era bastante más sencilla de lo que yo había pensado.

Nunca te había dicho que aprecio lo que hiciste, por ser partícipe y artífice de mis días de felicidad. Por eso, por muy lejos que me marche, siempre te esperaré. Porque este no es el adiós definitivo. La próxima vez que nos encontremos será para siempre.

Silvia.

 

eremaycunarp544
Author: eremaycunarp544

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Esta entrada tiene un comentario

  1. romina

    Una vez que atrapas la idea viene el momento de lectura y lectura… corregir.

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