Reto 20 Estoy muriendo ¿y quién no?

Mary lucía un vestido rojo línea “A”, mostraba la mitad de sus muslos blancos, bien torneados, parecía discreta con su escote frontal pero la espalda era visible hasta la cintura a través de su cabello rizado. Al portaba un traje de lino azul pizarra, ceñido, marcaba delicadamente las líneas de su torso y piernas, destacaba su cuello con un pañuelo carmesí.

Mmm… ¡Qué delicioso esta mi novio hoy!

Mi lady me concede el honor —besó la mano de Mary inclinándose un poco mientras reía al imitar a los caballeros de época.

 Al sonreía, sus hoyuelos eran más que evidentes esa noche, irresistibles a la vista de Mary. Le abrió la puerta del piloto y extendió las llaves. El coche convertible de un hermoso color hacía juego con el vestido y pañuelo de ambos, brillaba bajo el farol de la calle. Mary tomó las llaves entusiasmada brincó un poco en círculos, abrazó fuerte a su hombre y subió, su sonrisa parecía abarcar la totalidad del ancho de su pequeño rostro, sus ojos brillantes tan abiertos parecían sobresalir de sus cuencas, su corazón acelerado, cuerpo entero vibraba de emoción, ansiaba sentir la velocidad de ese potente motor bajo sus pies, besó a su copiloto, encendió la música, cantaron, abrocharon sus cinturones, arrancó.

Amor adoro conducir, pero… ¿A dónde vamos?

Vas bien, tu sabes a donde. A nuestro lugar —le susurró al oído y la beso en el cuello para no distraerla demasiado.

El bosque oscuro, mostraba un escenario lúgubre pero a la vez esperanzador, se distinguía “esa luz que sabes que siempre estará ahí al final del camino”, así se veía, un sendero luminoso.

¿Tú lo hiciste? ¿Es por aquí? —Señaló el camino con una mano, mientras se tapaba la boca con la otra.

Vamos —la tomó de la mano y en seguida la cargo llevándola por el sendero en brazos cual princesa.

El clima del verano era tibio con una brisa a penas fresca, muy agradable al tacto, la escena era brillante, impecable, la mesa rústica adornada por un mantel bordado color blanco y un par de sillas con grandes cojines a ras del suelo; velas fulgurosas iluminando alrededor. Un mesero sirvió la cena, las copas de vino y se alejó dejando la música y comida a merced de la pareja. La privacidad del bosque era tan excitante como intimidante, mezcla exquisita para el par de rebeldes novios, descalzos gozando de la frescura del tupido pasto bajo sus pies, comían y reían en el piso pese a sus cuidados atuendos.

Su canción sonó. Mary quiso pararse a bailar.

¡Ahh! —su rostro se tornó rojo y un sudor doloroso escurrió por sus sienes, sintió un peso enorme sobre su cuerpo como si un ancla de hierro la mantuviese fija en el suelo, cuchillos de fuego se clavaban en sus caderas traspasando hasta su espalda, ponerse de pie pareció imposible.

Al se paró junto a ella, la sujetó lento ayudándola a incorporarse, la acurrucó sobre su regazo, besaba y rozaba livianamente su rostro mientras le contaba los cuentos del vampiro” (sus favoritos) esperando a que cesara el dolor de su amada.

De regreso, Al condujo y le hizo prometer a Mary que iría al medico al día siguiente (Mary era médico, la fibromialgia que ella padecía hace años no fue lo que sintió, ella supo que algo andaba muy mal).

Te amo mi Mary, descansa y recuerda que siempre estaremos juntos sin importar el frío, calor, placer o dolor porque…

—“El amor todo lo puede” —dijeron en coro, rieron y se besaron.

Mary fue en compañía de su madre al doctor, le realizaron estudios, detectaron una enfermedad neuronal degenerativa, que en contadas ocasiones es grave y ocasiona la muerte en poco tiempo, lamentable pero así era su caso.

Es un caso raro de “ELAno le mentiré, poco estudiado y no existe cura, usted se encuentra en una fase terminal, desconocemos el porqué no ha presentado la evolución clásica de la enfermedad, por lo que resultaría muy interesante estudiar el caso a fondo y tratar de encontrar una cura para futuras generaciones, es su oportunidad de dar la vida por la ciencia. Pero decida usted doctora.

Mary llamó a Al para contarle la noticia, él se percató de inmediato del tono melancólico en su voz y le dijo:

Voy para tu casa mi amor.

Mary puso al tanto de la noticia a su padre y hermano. Hablaba como médico, demasiado fría, no era la hija ni la hermana, tampoco lloraba, estaba pasmada. En su mente sabía que hacer, pero no lo podía creer, necesitaba hablar con Al.

Ya habían pasado tres horas y su novio no llegaba, decidió ponerse la pijama e irse a descansar, su mullida almohada era tan suave, fresca y cómoda que sería fácil conciliar el sueño. Un sonido familiar la hizo abrir los ojos y acercarse a la ventana “su canción ” se escuchó a todo volumen afuera de su casa, era Al con una camioneta de sonido, su banda entera tocaba afuera.

Mary sonrió, salió a prisa, Al a penas la vio se puso frente a ella de rodillas con un ramo de flores y una cajita de madera que abrió mostrando un hermoso rubí pulido en forma oval, un anillo de acero rústico.

Amor mío ¿Mary, te gustaría pasar el resto de nuestros días siendo mi esposa?

Sí mi amor, claro que sí —la lluvia salina brotando de sus ojos, le cortaba la voz—. Pero…pero… estoy muriendo.

Yo también ¿y quién no? —dijo filosofando mientras la abrazaba y besaba en la frente.

Te amo mi filósofo —se limpió la mirada con una mano y sostuvo el cuello de su amado con la otra sintiendo su vital pulso intenso, fresco bajo las yemas de sus dedos, lo acercó a ella, lo miró profundamente, cerró los ojos y se dejó sumergir entre sus labios carnosos, un escalofrío excitante invadió todo su cuerpo, se fundieron en un abrazo.

Ambos habían tomado una decisión.

 

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Esta entrada tiene 3 comentarios

  1. alkysirez

    ¡Qué bonita escena de amor!

    Me gustó mucho tu escrito.

  2. romina

    No olvides, atrapamos la idea, la inspiración, y luego trabajo de corrección… lee el reto de forma.

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